Hace 2 horas
Quería comentarles lo que estaba tratando de hacer últimamente y espero sus comentarios sinceros, sugerencias útiles o críticas constructivas. Digo esto porque presiento que fue una mala idea y no se si tengo todavía oportunidad de enmendar la situación y de cambiar la estrategia.
Hace tiempo que cuestiono a los testigos de Jehová. Lo hice por primera vez siendo adolescente, pronto descubrí el rechazo que suele seguir a cualquier idea divergente. Por eso, durante años acallé mis dudas y buena parte de ellas las investigaba en otras fuentes mucho más allá de lo que se recomienda dentro de la organización. Cuando encontré este foro primero solía interesarme más en las filtraciones de bosquejos, cartas y otras directrices mayormente secretas más que todo por la curiosidad de saber que tiene el mago en su sombrero, por así decirlo. Desde entonces, obviamente, la magia ha ido perdiendo su encanto poco a poco.
Durante un buen tiempo me dije a mi mismo que mientras yo y mi familia cercana estuviéramos bien el resto no me iba importar. Otros familiares más lejanos que eran testigos se salieron y empezaron a contarme todo lo negativo de la organización o mejor dicho la secta. Entonces tuve que tomar una decisión: escucharlos o no. Finalmente, decidí mantenerme como el testigo que trata de animar a los inactivos, aunque muchas veces parecían apóstatas (según el concepto TJ). Obviamente, por tanto adoctrinamiento que uno recibe por ahí sonaba en mi subconsciente una alarma. Pero, como yo ya andaba investigando por mi cuenta me propuse a mantener la relación con esa parte de mi familia. Así pasó un tiempo y poco a poco tenía menos y menos argumentos para defender a los TJs.
Finalmente, no hace mucho se me ocurrió hacer algo distinto. En lugar de callar mis quejas o solo hablar en privado quería hacerlo en público. Mi plan era algo más elaborado que simplemente decir algo como por descuido, charlando con alguien en la predicación, o cosas así. Iba primero construir todo un personaje que pudiera ser más creíble y respetable, para entonces empezar a lanzar bombas desde una posición más ventajosa. Como siempre he pensado que para ser alguien en la organización no se necesita casi nada salvo demostar servidumbre a los ancianos y estar dispuesto a tomar responsabilidades gratuitamente, me dije a mi mismo: ¿qué tan difícil puede ser? En ese afán estuve unos cuantos meses, saliendo a la predicación (ya tenía las horas de un auxiliar e iba por el regular), comentarios en las reuniones, colaboración en todo lo que te piden así sea limpiar los baños, etc. La idea era hacerme el nombre de alguien "espiritual" y luego lanzar unas flechas envenenadas en pleno estudio de la Atalaya o similar. Supuse que iba parecer raro, pero que me iban a tolerar un poco más que si desde mi apatía hacía lo mismo.
En ese plan estuve poco a poco dando cada vez más agudas observaciones en el pleno de la reunión. Entre lo más picante habrá sido el tema de la educación superior en la que tenía bien claro la gran hipocresía de la organización porque casi al mismo tiempo en una biografía ellos mismos confesaban que habían mandado a uno de los suyos a estudiar derecho hace más de 35 años (!), mientras al resto de los testigos se los demonizaba por hacer lo mismo hasta hace muy poco. Ahí es que empezó a cambiar la actitud de los hermanos hacía mi persona. Lentamente me fueron excluyendo.
Se que no puedo decir que me tomara por sorpresa. Que no conozco a mi esposa y sabía que estaba con el vendaje bien sujeto sobre los ojos. Que, a pesar de mi plan, todavía no era nadie importante en la congregación. Pero aumenté el nivel de las críticas sabiendo que los ancianos toman nota y finalmente sucedió lo que tenía que suceder: esta semana dieron un discurso de señalamiento que llevaba mi nombre y apellido por todos lados. Básicamente se dijo que los comentarios no son para quejarse, que en realidad no hay espacio alguno para quejarse durante una reunión y que quienes tengan quejas deben callarse o en su defecto convocar a los ancianos para charlar en privado.
Es en ese punto que me di cuenta que descuidé lo que más me importaba: mi familia. Me había preparado personalmente para el choque y en mi mente iba como en un vehículo blindado pero no había pensado que mi familia estaba montada encima de la carrocería sin llevar ni un casco puesto. Pensé que podía afrontar cualquier cuestionamiento de los ancianos, así vengan en grupo como una pandilla. Pero no me preparé para afrontar a mi esposa con el corazón descubierto.
Sin entrar en detalles he estado por varios días discutiendo con ella, -la mujer con la que convivo los últimos 13 años, la madre de mis hijo, la compañera que elegí y a quien sigo amando- no si es correcto que los TJ pongan Jehová en el nuevo testamento así el griego original no lo tenga ni una sola vez, no si son verdaderamente transparentes los informes de cuentas de la organización, no si es o no es un crimen sangriento haber prohibido el uso de la sangre, o si tiene algún sentido el concepto de generación que usan lo del CG para sostener una falacia, no. Hemos estado discutiendo si quiero seguir viendo a mi familia o los pierdo para siempre.
Se que parece una locura, pero en medio de todo el agrio episodio algo me ha quedado claro: la posibilidad es real. Porque a mi entender no había cometido ningún pecado grave que me haga objeto de expulsión. Que así me vieran como un rebelde tendrían que aguantarme en la congregación hasta cuando yo quisiera renunciar. Y que podría ser una piedra en los zapatos de los ancianos por tiempo indefinido. Ahora creo que pequé de inocente. Porque con el testimonio de mi esposa quien sabe de mis familiares "apóstatas" y con el solo hecho de ser incómodo para la cúpula caigo en cuenta que fácilmente puedo ser acusado de los mismo y acabar alienado de mi propio hogar.
Dicho esto acudo a ustedes sintiéndome tonto por pensar que podía vencer a la organización por dentro, con la duda de saber si todavía puedo salvar a mi familia y cómo hacerlo, o si debo resignarme a afrontar el ostracismo como tantos antes que mí.
Estoy atento a sus respuestas, saludos.
Hace tiempo que cuestiono a los testigos de Jehová. Lo hice por primera vez siendo adolescente, pronto descubrí el rechazo que suele seguir a cualquier idea divergente. Por eso, durante años acallé mis dudas y buena parte de ellas las investigaba en otras fuentes mucho más allá de lo que se recomienda dentro de la organización. Cuando encontré este foro primero solía interesarme más en las filtraciones de bosquejos, cartas y otras directrices mayormente secretas más que todo por la curiosidad de saber que tiene el mago en su sombrero, por así decirlo. Desde entonces, obviamente, la magia ha ido perdiendo su encanto poco a poco.
Durante un buen tiempo me dije a mi mismo que mientras yo y mi familia cercana estuviéramos bien el resto no me iba importar. Otros familiares más lejanos que eran testigos se salieron y empezaron a contarme todo lo negativo de la organización o mejor dicho la secta. Entonces tuve que tomar una decisión: escucharlos o no. Finalmente, decidí mantenerme como el testigo que trata de animar a los inactivos, aunque muchas veces parecían apóstatas (según el concepto TJ). Obviamente, por tanto adoctrinamiento que uno recibe por ahí sonaba en mi subconsciente una alarma. Pero, como yo ya andaba investigando por mi cuenta me propuse a mantener la relación con esa parte de mi familia. Así pasó un tiempo y poco a poco tenía menos y menos argumentos para defender a los TJs.
Finalmente, no hace mucho se me ocurrió hacer algo distinto. En lugar de callar mis quejas o solo hablar en privado quería hacerlo en público. Mi plan era algo más elaborado que simplemente decir algo como por descuido, charlando con alguien en la predicación, o cosas así. Iba primero construir todo un personaje que pudiera ser más creíble y respetable, para entonces empezar a lanzar bombas desde una posición más ventajosa. Como siempre he pensado que para ser alguien en la organización no se necesita casi nada salvo demostar servidumbre a los ancianos y estar dispuesto a tomar responsabilidades gratuitamente, me dije a mi mismo: ¿qué tan difícil puede ser? En ese afán estuve unos cuantos meses, saliendo a la predicación (ya tenía las horas de un auxiliar e iba por el regular), comentarios en las reuniones, colaboración en todo lo que te piden así sea limpiar los baños, etc. La idea era hacerme el nombre de alguien "espiritual" y luego lanzar unas flechas envenenadas en pleno estudio de la Atalaya o similar. Supuse que iba parecer raro, pero que me iban a tolerar un poco más que si desde mi apatía hacía lo mismo.
En ese plan estuve poco a poco dando cada vez más agudas observaciones en el pleno de la reunión. Entre lo más picante habrá sido el tema de la educación superior en la que tenía bien claro la gran hipocresía de la organización porque casi al mismo tiempo en una biografía ellos mismos confesaban que habían mandado a uno de los suyos a estudiar derecho hace más de 35 años (!), mientras al resto de los testigos se los demonizaba por hacer lo mismo hasta hace muy poco. Ahí es que empezó a cambiar la actitud de los hermanos hacía mi persona. Lentamente me fueron excluyendo.
Se que no puedo decir que me tomara por sorpresa. Que no conozco a mi esposa y sabía que estaba con el vendaje bien sujeto sobre los ojos. Que, a pesar de mi plan, todavía no era nadie importante en la congregación. Pero aumenté el nivel de las críticas sabiendo que los ancianos toman nota y finalmente sucedió lo que tenía que suceder: esta semana dieron un discurso de señalamiento que llevaba mi nombre y apellido por todos lados. Básicamente se dijo que los comentarios no son para quejarse, que en realidad no hay espacio alguno para quejarse durante una reunión y que quienes tengan quejas deben callarse o en su defecto convocar a los ancianos para charlar en privado.
Es en ese punto que me di cuenta que descuidé lo que más me importaba: mi familia. Me había preparado personalmente para el choque y en mi mente iba como en un vehículo blindado pero no había pensado que mi familia estaba montada encima de la carrocería sin llevar ni un casco puesto. Pensé que podía afrontar cualquier cuestionamiento de los ancianos, así vengan en grupo como una pandilla. Pero no me preparé para afrontar a mi esposa con el corazón descubierto.
Sin entrar en detalles he estado por varios días discutiendo con ella, -la mujer con la que convivo los últimos 13 años, la madre de mis hijo, la compañera que elegí y a quien sigo amando- no si es correcto que los TJ pongan Jehová en el nuevo testamento así el griego original no lo tenga ni una sola vez, no si son verdaderamente transparentes los informes de cuentas de la organización, no si es o no es un crimen sangriento haber prohibido el uso de la sangre, o si tiene algún sentido el concepto de generación que usan lo del CG para sostener una falacia, no. Hemos estado discutiendo si quiero seguir viendo a mi familia o los pierdo para siempre.
Se que parece una locura, pero en medio de todo el agrio episodio algo me ha quedado claro: la posibilidad es real. Porque a mi entender no había cometido ningún pecado grave que me haga objeto de expulsión. Que así me vieran como un rebelde tendrían que aguantarme en la congregación hasta cuando yo quisiera renunciar. Y que podría ser una piedra en los zapatos de los ancianos por tiempo indefinido. Ahora creo que pequé de inocente. Porque con el testimonio de mi esposa quien sabe de mis familiares "apóstatas" y con el solo hecho de ser incómodo para la cúpula caigo en cuenta que fácilmente puedo ser acusado de los mismo y acabar alienado de mi propio hogar.
Dicho esto acudo a ustedes sintiéndome tonto por pensar que podía vencer a la organización por dentro, con la duda de saber si todavía puedo salvar a mi familia y cómo hacerlo, o si debo resignarme a afrontar el ostracismo como tantos antes que mí.
Estoy atento a sus respuestas, saludos.


