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Copyright authors please see our disclaimer. (March 19, 2021)

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¿Y que hay de los que perdimos la esperanza?
#1

Hola, un gusto saludarlos. No se si ya se ha hablado de esto en el foro, pero...

La pregunta del título la hago pensando en algo que, la verdad, siempre me ronda la cabeza: la muerte. Cuando estaba dentro de la organización, mi forma de ver este tema era muy distinta a lo que siento ahora, después de haber salido.

Antes, tenía esta idea —o mejor dicho, esta esperanza— de que si moría alguien a quien yo quería, y era Testigo, pues… algún día lo volvería a ver en el nuevo mundo. Y aunque el dolor igual iba a estar ahí, esa ilusión al menos me daba un pequeño amortiguador emocional. Era como pensar: “sí, duele… pero no todo está perdido”.

Pero ahora… ¿qué queda para mí?
Hoy lo único claro que tengo sobre la muerte es que es eso: el final. Un ciclo que se cumple y ya. Y aceptarlo no siempre es fácil.

Traigo este tema porque hace un tiempo, incluso antes de presentar mi carta de renuncia, yo tenía una amistad muy bonita con dos jovencitas gemelas. Teníamos más o menos la misma edad. Conocía a sus papás, y la relación con ellos también era especial. Vivimos juntos momentos muy significativos mientras yo aún estaba dentro. Pero como sucede con casi todo al salir… esa amistad, esa comunicación, ese vínculo, se fue perdiendo poco a poco.

De vez en cuando intercambiábamos algún saludo o felicitación, y por familiares me enteraba de cosas que pasaban en su casa. Una de esas noticias fue que a la mamá le diagnosticaron cáncer. Seguí su proceso desde lejos —fotos, Facebook, estados de WhatsApp— sin atreverme a acercarme, pero sin dejar de sentir cariño.

Hasta que, hace nada, me enteré de que la mamá falleció. Y me dolió más de lo que pensé. Me sentí mal por no haber estado para ellas, por no haber acompañado ese proceso tan duro que vivieron en los últimos días de su mamá.

Aun así, les escribí. Porque lo que siento por ellas estaba por encima de cualquier distancia o historia pasada. Y me animé a ir al funeral. No voy a negar que fue muy difícil. Cuando las vi, me abracé a ellas, y les dije que ahí estaba, sin condiciones.

También vi a otros hermanos de la congregación. Y aunque ese momento no se trataba de mí, muchos se acercaron a saludar. Y es que, siendo sinceros, fue raro… porque tiempo atrás yo era prácticamente un cero a la izquierda para la mayoría.

En fin… estos momentos lo dejan a uno pensando inevitablemente en el futuro: ¿qué pasará cuando nos toque despedir a alguien a quien amamos? ¿Cómo lo viviremos sin esa esperanza que antes nos sostenía?

Y ahí vuelve la pregunta:
¿Qué hay de los que perdimos la esperanza de la resurrección?
¿Nos dará más duro?
¿Será nuestro duelo más pesado?
¿Podremos enfrentarlo con la misma fuerza con la que ellos creen enfrentarlo?

Porque, aunque ellos también sienten el golpe del duelo, pareciera que esa “esperanza” —por más disfrazada que esté— les da un poquito más de firmeza en esos momentos.

¿Y nosotros? Los que ya no creemos en eso… ¿qué nos queda?

¿Y que hay de los que perdimos la esperanza?
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¿Y que hay de los que perdimos la esperanza? - por Cequs - Hace 1 hora

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