06 Jan, 2026, 12:35 PM
Ese experimento no lo conocía y es interesante y dice mucho sobre la resistencia de las creencias absolutas frente a la contradicción. Ahora bien, me parece que el texto incurre en una simplificación cuando iguala sin más el delirio clínico de unos pacientes con la experiencia religiosa en general.
La comparación funciona si uno toma la fe únicamente como una afirmación de hechos rígida del tipo “esto es así y no puede ser de otro modo”. Pero para muchísimas personas, entre las que me encuentro; la religión no opera en principio como una hipótesis empírica sobre el mundo —de la que pueda verificarse o demostrarse su falsedad— sino como un marco simbólico, ético y existencial que les permite darle sentido a la vida, al sufrimiento, a la muerte y a la convivencia con el prójimo. En ese plano, la pregunta por si “Dios existe o no existe” es secundaria frente a la función que cumple la creencia en la gente.
Por otro lado, el ateísmo militante muchas veces reproduce la misma estructura que critica: un dogmatismo inverso (“Dios no existe”) sostenida con la misma convicción que el creyente sostiene la suya. En ambos casos hay una pretensión de certeza sobre una realidad última que, honestamente, ninguno de los dos puede conocer. La diferencia es más de contenido que de forma.
También creo que hay un punto clave que el texto pasa por alto: el delirio psiquiátrico implica una ruptura con la realidad que deteriora la autonomía y el funcionamiento de la persona. La religión, en cambio, suele integrarse a la vida social de las personas, favorecer lazos comunitarios y, en muchos casos, ayudar a las personas a sobrellevar la angustia, la enfermedad o la pérdida. Que una creencia no sea demostrable no la convierte automáticamente en patológica.
Para mi este experimento muestra algo muy humano: nuestra necesidad de sentido y nuestra tendencia a aferrarnos a narrativas que nos den identidad. Pero de ahí a concluir que la religión es, en esencia, un delirio colectivo, perdóname, pero creo que hay un salto de concepto enorme.
Tal vez la lección más honesta sea otra: sabemos muy poco sobre qué es realmente la realidad, y tanto creyentes como ateos solemos hablar con una seguridad que no está del todo justificada. Mientras tanto, si una creencia —religiosa o no— ayuda a alguien a vivir mejor sin dañar a otros, quizá eso sea más relevante que discutir si es “verdadera” o “falsa”.
Me llamo la atención lo que dijo ese científico “…Admitió que en aquel hospital no había habido tres dioses, sino cuatro: los tres pacientes… y él mismo, jugando a ser una divinidad omnipotente que manipulaba destinos en nombre de la ciencia.”
Creo que esto nos enseña también que el peligro no está solo en la religión, sino en cualquier sistema de pensamiento (incluso el científico) que se vuelve autoritario y olvida la humanidad del otro en nombre de una "Verdad" superior.
La comparación funciona si uno toma la fe únicamente como una afirmación de hechos rígida del tipo “esto es así y no puede ser de otro modo”. Pero para muchísimas personas, entre las que me encuentro; la religión no opera en principio como una hipótesis empírica sobre el mundo —de la que pueda verificarse o demostrarse su falsedad— sino como un marco simbólico, ético y existencial que les permite darle sentido a la vida, al sufrimiento, a la muerte y a la convivencia con el prójimo. En ese plano, la pregunta por si “Dios existe o no existe” es secundaria frente a la función que cumple la creencia en la gente.
Por otro lado, el ateísmo militante muchas veces reproduce la misma estructura que critica: un dogmatismo inverso (“Dios no existe”) sostenida con la misma convicción que el creyente sostiene la suya. En ambos casos hay una pretensión de certeza sobre una realidad última que, honestamente, ninguno de los dos puede conocer. La diferencia es más de contenido que de forma.
También creo que hay un punto clave que el texto pasa por alto: el delirio psiquiátrico implica una ruptura con la realidad que deteriora la autonomía y el funcionamiento de la persona. La religión, en cambio, suele integrarse a la vida social de las personas, favorecer lazos comunitarios y, en muchos casos, ayudar a las personas a sobrellevar la angustia, la enfermedad o la pérdida. Que una creencia no sea demostrable no la convierte automáticamente en patológica.
Para mi este experimento muestra algo muy humano: nuestra necesidad de sentido y nuestra tendencia a aferrarnos a narrativas que nos den identidad. Pero de ahí a concluir que la religión es, en esencia, un delirio colectivo, perdóname, pero creo que hay un salto de concepto enorme.
Tal vez la lección más honesta sea otra: sabemos muy poco sobre qué es realmente la realidad, y tanto creyentes como ateos solemos hablar con una seguridad que no está del todo justificada. Mientras tanto, si una creencia —religiosa o no— ayuda a alguien a vivir mejor sin dañar a otros, quizá eso sea más relevante que discutir si es “verdadera” o “falsa”.
Me llamo la atención lo que dijo ese científico “…Admitió que en aquel hospital no había habido tres dioses, sino cuatro: los tres pacientes… y él mismo, jugando a ser una divinidad omnipotente que manipulaba destinos en nombre de la ciencia.”
Creo que esto nos enseña también que el peligro no está solo en la religión, sino en cualquier sistema de pensamiento (incluso el científico) que se vuelve autoritario y olvida la humanidad del otro en nombre de una "Verdad" superior.



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