06 Jan, 2026, 07:59 PM
Entiendo tu postura, pero veo varios problemas conceptuales importantes.
Primero, afirmar que toda tradición que se aleja de su origen se vuelve obsoleta es, en sí mismo, una creencia no demostrada.
El lenguaje, el derecho, la ética o a veces incluso la ciencia son tradiciones que han perdido su justificación original y, sin embargo, siguen siendo funcionales. La utilidad presente no depende necesariamente del origen.
Segundo, equiparar toda creencia no demostrada con una alucinación es un error. Una alucinación es un trastorno perceptivo; una creencia no verificada es una construcción simbólica o conceptual. Si aplicáramos tu criterio con rigor, conceptos como justicia, dignidad humana o derechos serían “alucinaciones”, porque no son demostrables empíricamente, y sin embargo estructuran sociedades enteras.
Tercero, la exigencia de que sólo lo demostrable sea válido no es demostrable en sí misma: es una posición filosófica, no un hecho científico. En otras palabras, usás una creencia no empírica para invalidar todas las creencias no empíricas, lo cual es contradictorio.
Respecto a la paz social, la historia muestra que tanto religiones como ideologías explícitamente ateas han producido convivencia y también violencia. El factor común no es Dios o su ausencia, sino el dogmatismo: cuando una cosmovisión —religiosa o laica— se vuelve incuestionable y totalitaria.
Finalmente, decir que el ateísmo no es una creencia sólo es válido si se lo entiende como suspensión de juicio. Pero afirmar que “Dios no existe” con certeza es una creencia metafísica tan indemostrable como afirmar que existe.
Tal vez el punto no sea erradicar la religión o imponer el ateísmo, sino aceptar que no sabemos qué es, en última instancia, la realidad. Mientras tanto, las creencias —religiosas o no— deberían juzgarse menos por su “verdad demostrable” y más por sus efectos humanos y sociales.
Primero, afirmar que toda tradición que se aleja de su origen se vuelve obsoleta es, en sí mismo, una creencia no demostrada.
El lenguaje, el derecho, la ética o a veces incluso la ciencia son tradiciones que han perdido su justificación original y, sin embargo, siguen siendo funcionales. La utilidad presente no depende necesariamente del origen.
Segundo, equiparar toda creencia no demostrada con una alucinación es un error. Una alucinación es un trastorno perceptivo; una creencia no verificada es una construcción simbólica o conceptual. Si aplicáramos tu criterio con rigor, conceptos como justicia, dignidad humana o derechos serían “alucinaciones”, porque no son demostrables empíricamente, y sin embargo estructuran sociedades enteras.
Tercero, la exigencia de que sólo lo demostrable sea válido no es demostrable en sí misma: es una posición filosófica, no un hecho científico. En otras palabras, usás una creencia no empírica para invalidar todas las creencias no empíricas, lo cual es contradictorio.
Respecto a la paz social, la historia muestra que tanto religiones como ideologías explícitamente ateas han producido convivencia y también violencia. El factor común no es Dios o su ausencia, sino el dogmatismo: cuando una cosmovisión —religiosa o laica— se vuelve incuestionable y totalitaria.
Finalmente, decir que el ateísmo no es una creencia sólo es válido si se lo entiende como suspensión de juicio. Pero afirmar que “Dios no existe” con certeza es una creencia metafísica tan indemostrable como afirmar que existe.
Tal vez el punto no sea erradicar la religión o imponer el ateísmo, sino aceptar que no sabemos qué es, en última instancia, la realidad. Mientras tanto, las creencias —religiosas o no— deberían juzgarse menos por su “verdad demostrable” y más por sus efectos humanos y sociales.


