Hoy, 08:37 AM
Qué bueno este cambio en tu situación.
Lo que contás sobre los ancianos es, tristemente, algo que muchos hemos vivido: castigos que se alargan sin sentido, humillación disfrazada de “disciplina” y, lo más grave, meterse en cosas que no les corresponden.
Que personas sin formación te “aconsejen” dejar un tratamiento para la salud mental es peligrosísimo y dice mucho de una secta que pone el control y la obediencia por encima del bienestar de las personas. Ahí no hay amor ni cuidado; hay abuso de autoridad.
Quería decirte dos cosas que me parecen importantes.
Sobre tu espiritualidad: no dejes que nadie te haga creer que Dios vive en un salón o en el juicio de unos hombres que, con una falta de humanidad tremenda, fueron capaces de sugerirte que descuidaras tu salud. Si creés en Jehová, creé también que es un Padre, y ningún padre amoroso quiere ver a su hija humillada o enferma. Él te dio inteligencia para buscar ayuda médica y un corazón para buscar libertad. Tu relación con lo divino es tuya, es íntima y no necesita sellos, ni prórrogas de “tres meses”, ni la aprobación de nadie para ser real. Un Dios de amor te quiere sana, en paz y libre.
Y sobre tu hermana: entiendo ese dolor. Pero tratá de mirarla con compasión y no con culpa. Ella no te está rechazando a vos como persona; está reaccionando a una imagen tuya que la organización le enseñó a temer. Sigue bajo ese velo, y muchas veces ese silencio nace más del miedo que de la falta de amor. Tené paciencia. El hecho de que tus padres hayan dado este paso tan grande ya es una semilla. Seguí siendo vos, cuidándote, sanando, viviendo. A veces, la mejor forma de ayudar a alguien a despertar no es con palabras, sino mostrando que se puede tener una vida plena, espiritual y feliz fuera de la secta.
Me alegra mucho que tus padres hayan elegido ser padres antes que jueces. Apoyate en ese amor y seguí adelante con tu tratamiento. Tu salud es lo primero, siempre, porque para amar a otros —y también a Dios— primero tenés que estar bien vos.
Lo que contás sobre los ancianos es, tristemente, algo que muchos hemos vivido: castigos que se alargan sin sentido, humillación disfrazada de “disciplina” y, lo más grave, meterse en cosas que no les corresponden.
Que personas sin formación te “aconsejen” dejar un tratamiento para la salud mental es peligrosísimo y dice mucho de una secta que pone el control y la obediencia por encima del bienestar de las personas. Ahí no hay amor ni cuidado; hay abuso de autoridad.
Quería decirte dos cosas que me parecen importantes.
Sobre tu espiritualidad: no dejes que nadie te haga creer que Dios vive en un salón o en el juicio de unos hombres que, con una falta de humanidad tremenda, fueron capaces de sugerirte que descuidaras tu salud. Si creés en Jehová, creé también que es un Padre, y ningún padre amoroso quiere ver a su hija humillada o enferma. Él te dio inteligencia para buscar ayuda médica y un corazón para buscar libertad. Tu relación con lo divino es tuya, es íntima y no necesita sellos, ni prórrogas de “tres meses”, ni la aprobación de nadie para ser real. Un Dios de amor te quiere sana, en paz y libre.
Y sobre tu hermana: entiendo ese dolor. Pero tratá de mirarla con compasión y no con culpa. Ella no te está rechazando a vos como persona; está reaccionando a una imagen tuya que la organización le enseñó a temer. Sigue bajo ese velo, y muchas veces ese silencio nace más del miedo que de la falta de amor. Tené paciencia. El hecho de que tus padres hayan dado este paso tan grande ya es una semilla. Seguí siendo vos, cuidándote, sanando, viviendo. A veces, la mejor forma de ayudar a alguien a despertar no es con palabras, sino mostrando que se puede tener una vida plena, espiritual y feliz fuera de la secta.
Me alegra mucho que tus padres hayan elegido ser padres antes que jueces. Apoyate en ese amor y seguí adelante con tu tratamiento. Tu salud es lo primero, siempre, porque para amar a otros —y también a Dios— primero tenés que estar bien vos.



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