02 Feb, 2026, 08:13 AM
No entiendo que relación tiene esta historia con el tema pero aqui va mi opinion, no sobre el tema sino sobre el cuento que es una variante del cuento "El regalo de los Reyes Magos".
"Della y Jim eran un matrimonio joven y muy pobre, pero profundamente enamorado. Vivían con lo justo, contando monedas, haciendo malabares para llegar a fin de mes. Se acercaba la Navidad, y Della quería hacerle a Jim un regalo que realmente expresara cuánto lo amaba.
Della tenía un solo tesoro verdadero: su cabello. Era largo, espeso y hermoso, tanto que le caía como una cascada hasta la cintura. Jim, por su parte, tenía su bien más preciado: un antiguo reloj de bolsillo que había pertenecido primero a su abuelo y luego a su padre.
Con apenas un dólar con ochenta y siete centavos ahorrados, Della sabía que no podía comprar nada digno de Jim. Desesperada, tomó una decisión: fue a una peluquería y vendió su cabello. Con el dinero compró una cadena de platino, sencilla y elegante, perfecta para el reloj de Jim.
Al regresar a casa, se miró al espejo. Su pelo corto la hacía verse distinta, vulnerable. Temía que Jim no la encontrara hermosa, pero se consolaba pensando en el regalo.
Cuando Jim llegó y la vio, quedó inmóvil. No era enojo ni sorpresa común: era desconcierto. Della le explicó, nerviosa, lo que había hecho, y le entregó su regalo.
Entonces Jim sonrió con una tristeza dulce y le dio a Della su propio obsequio: un juego de peines hermosos, caros, hechos especialmente para un cabello largo como el que ella solía tener. Para comprarlos, había vendido su reloj.
Los dos quedaron en silencio. Los regalos ya no podían usarse. Pero comprendieron algo más grande: ambos habían sacrificado lo más valioso que tenían por amor al otro.
El narrador concluye diciendo que, como los Reyes Magos que llevaron dones al niño Jesús, Jim y Della fueron los más sabios de todos los que dan regalos, porque supieron dar desde el amor verdadero, no desde la abundancia."
El punto no está en los objetos sino en el gesto: ambos sacrifican lo más valioso que tienen por el otro, sin saberlo.
Más que una tragedia, es una metáfora del amor entendido como entrega desinteresada.
El final no es triste: lo que queda es la intención y el vínculo, no las cosas.
"Della y Jim eran un matrimonio joven y muy pobre, pero profundamente enamorado. Vivían con lo justo, contando monedas, haciendo malabares para llegar a fin de mes. Se acercaba la Navidad, y Della quería hacerle a Jim un regalo que realmente expresara cuánto lo amaba.
Della tenía un solo tesoro verdadero: su cabello. Era largo, espeso y hermoso, tanto que le caía como una cascada hasta la cintura. Jim, por su parte, tenía su bien más preciado: un antiguo reloj de bolsillo que había pertenecido primero a su abuelo y luego a su padre.
Con apenas un dólar con ochenta y siete centavos ahorrados, Della sabía que no podía comprar nada digno de Jim. Desesperada, tomó una decisión: fue a una peluquería y vendió su cabello. Con el dinero compró una cadena de platino, sencilla y elegante, perfecta para el reloj de Jim.
Al regresar a casa, se miró al espejo. Su pelo corto la hacía verse distinta, vulnerable. Temía que Jim no la encontrara hermosa, pero se consolaba pensando en el regalo.
Cuando Jim llegó y la vio, quedó inmóvil. No era enojo ni sorpresa común: era desconcierto. Della le explicó, nerviosa, lo que había hecho, y le entregó su regalo.
Entonces Jim sonrió con una tristeza dulce y le dio a Della su propio obsequio: un juego de peines hermosos, caros, hechos especialmente para un cabello largo como el que ella solía tener. Para comprarlos, había vendido su reloj.
Los dos quedaron en silencio. Los regalos ya no podían usarse. Pero comprendieron algo más grande: ambos habían sacrificado lo más valioso que tenían por amor al otro.
El narrador concluye diciendo que, como los Reyes Magos que llevaron dones al niño Jesús, Jim y Della fueron los más sabios de todos los que dan regalos, porque supieron dar desde el amor verdadero, no desde la abundancia."
El punto no está en los objetos sino en el gesto: ambos sacrifican lo más valioso que tienen por el otro, sin saberlo.
Más que una tragedia, es una metáfora del amor entendido como entrega desinteresada.
El final no es triste: lo que queda es la intención y el vínculo, no las cosas.



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