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LAS ROSAS, EL ZORRO Y EL SER DOMESTCADO.
#1

Por fin llegó el momento en que el principito, después de
caminar mucho entre arena, rocas y nieve, encontró un
camino. Y los caminos llevan siempre a la morada de los
hombres.
–¡Buenos días! –dijo.
–¡Buenos días! –dijeran las rosas
El principito las miró, parecían iguales a su flor.
–¿Quiénes son ustedes? –les preguntó atónito.
–Somos las rosas –respondieron éstas.
–¡Ah! –exclamó el principito. Y se sintió muy triste; su flor
le había dicho que era la única de su especie en todo el
universo. ¡Ahora estaba ante más de cinco mil, iguales y
en el mismo jardín!
Entonces apareció el zorro:
–¡Buenos días! –dijo el zorro.
–¡Buenos días! –respondió cortésmente el principito y se
volvió para ver quien hablaba pero no descubrió a nadie.
–Estoy aquí, bajo el manzano –dijo la voz.
–¿Quién eres tú? –Preguntó el principito–. ¡Qué bonito
eres!
–Soy un zorro.
–Ven a jugar conmigo, –le propuso el principito– ¡Estoy
tan triste!
–No puedo jugar contigo –dijo el zorro–, no estoy
domesticado.
–¡Ah, perdón! –dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
–¿Qué significa "domesticar"?
–Tú no eres de aquí –dijo el zorro– ¿qué buscas?
–No, yo sólo busco amigos. Pero, dime ¿qué significa
domesticar?
–Es una cosa ya olvidada –dijo el zorro–, significa "crear
vínculos... "
–¿Crear vínculos?
–¡Sí!, verás –dijo el zorro–. Tú eres para mí, sólo un
muchachito igual a otros y no te necesito para nada.
Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más
que un zorro como otro zorro cualquiera. Pero si tú me
domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro.
Tú serás para mí único en el mundo, como también yo lo
seré para ti...
–¿Qué debo hacer? –preguntó el principito.
–Debes ser muy paciente –respondió el zorro–. Al
principio te sentarás sobre la hierba, un poco retirado de
mí; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no dirás nada,
pues el lenguaje puede ser fuente de malos entendidos.
Entonces, al pasar los días, te podrás sentar cada vez más
cerca...
Al día siguiente el principito volvió.
–Es mejor que vengas siempre a la misma hora –dijo el
zorro–. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, yo
desde las tres comenzaría a ser dichoso. Conforme avance
la hora, más contento me sentiré. A las cuatro me sentiré
agitado e inquieto, así descubriré lo que vale la felicidad.
Pero si tú vienes a cualquier hora, yo nunca sabré cuándo
preparar mi corazón... Tú sabes, los ritos son necesarios.
–¿Qué es un rito? –inquirió el principito.
–Eso también es algo casi olvidado –dijo el zorro–. Es lo
que hace que un día sea diferente a otro día y que una
hora sea diferente a otra.
Cuando llegó el día de la partida, el zorro dijo:
–¡Voy a llorar!
–Yo no quería causarte daño, pero tú quisiste que te
domesticara...
–Así es –dijo el zorro.
–Pero vas a llorar –dijo él principito.
–¡Sí! –volvió a decir el zorro.
–Al final, no ganaste nada.
–¡Gané! –Dijo el zorro–. He ganado a causa del color del
trigo. Ahora es mucho más agradable.
Después, el zorro añadió:
–Ve a ver las rosas una vez más; comprenderás que la tuya
sí es única en el mundo. Regresarás para decirme adiós y
yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver nuevamente a las rosas. Les dijo:
–En efecto, no se parecen a mi rosa. Ustedes todavía no
son nada. Nadie las ha domesticado ni ustedes han
domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, un
zorro común y corriente que en nada se diferenciaba de
los otros cien mil zorros. Sin embargo, ahora, él es único
en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que
continuó diciéndoles:
–Son realmente muy bellas pero están vacías. Nadie daría
la vida por ustedes. Cualquiera puede creer que mí rosa es
igual. ¡No es así! Ella es más importante que todas
ustedes juntas porque a ella he regado, a ella cuidé y
protegí con el biombo, porque la libré de los gusanos,
dejando sólo los que serían mariposas. Porque es ella a la
que oí quejarse, vanagloriarse y, a veces, hasta callarse.
Porque, finalmente, ella es mi rosa
.
Y volvió con el zorro…
–Adiós –dijo el principito con tristeza.
–Adiós –dijo el zorro–. He aquí mi secreto:
Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a
los ojos
.

Texto mutilado horriblemente por JoseFIdencioR, que el santo dios de los ateos me perdone.

Si Lucifer fue capaz de incitar una rebelión en el cielo, eso significa celos, envidia y violencia en el cielo pese a prometerte un paraíso perfecto
[Imagen: 312554928-8634900413188542-2070329703511938974-n.jpg]
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