Hace 2 horas
Hay días
en que el dolor no duele.
Se instala.
Como un clavo invisible
sosteniendo el pecho
para que el corazón no termine de caer.
Anoche dormí,
pero el sueño volvió sin ti.
Qué extraña crueldad la de la noche:
inventa rostros desconocidos
y olvida el único
por el que daría todos mis despertares.
Camino por la casa
como si todavía existiera
una habitación secreta
donde pudieras llamarme amor
con esa dulzura
que ya no pertenece a este mundo.
A veces pienso
que no es a ti a quien busco.
Es a la mujer que yo era
cuando tus ojos
todavía sabían encontrarme.
Y entonces comprendo
que el duelo no consiste en aprender a vivir sin alguien.
Consiste en despertar cada mañana
llevando un universo entero
que ya no tiene dónde regresar.
Marcia Saraswati.-
en que el dolor no duele.
Se instala.
Como un clavo invisible
sosteniendo el pecho
para que el corazón no termine de caer.
Anoche dormí,
pero el sueño volvió sin ti.
Qué extraña crueldad la de la noche:
inventa rostros desconocidos
y olvida el único
por el que daría todos mis despertares.
Camino por la casa
como si todavía existiera
una habitación secreta
donde pudieras llamarme amor
con esa dulzura
que ya no pertenece a este mundo.
A veces pienso
que no es a ti a quien busco.
Es a la mujer que yo era
cuando tus ojos
todavía sabían encontrarme.
Y entonces comprendo
que el duelo no consiste en aprender a vivir sin alguien.
Consiste en despertar cada mañana
llevando un universo entero
que ya no tiene dónde regresar.
Marcia Saraswati.-


