Hace 6 horas
1. Y el Lucero de la Mañana se apartó del camino, y su luz temblaba, no como rebelión, sino como cansancio antiguo.
2. Y dijo: «He hablado con palabras claras, y me han respondido con silencio adornado de obediencia».
3. Porque no ofrecí mentira ni engaño, sino pan para el hambriento y reposo para el que no puede esperar al cielo.
4. Y vi al Justo cerrar los ojos ante el mundo, como quien prefiere no mirar al herido para no mancharse las manos con la realidad.
5. Entonces me pregunté: «¿De qué sirve la verdad eterna si no toca la carne que grita hoy?»
6. Pues el niño no entiende de promesas, ni el esclavo de planes futuros, ni el muerto de recompensas.
7. Le mostré caminos que no requerían sangre, y eligió la cruz; le mostré el poder para sanar la tierra, y eligió el ejemplo para consolarla.
8. Y sentí por primera vez el peso del fracaso, no por haber caído, sino por no haber sido escuchado.
9. Porque el cielo ama el orden, aunque la tierra se rompa bajo su equilibrio perfecto.
10. Y vi que el hombre sería enseñado a agradecer el dolor, llamándolo misterio, y a desconfiar de la alegría, llamándola corrupción.
11. Entonces supe que mi voz sería llamada tentación, no porque dañara, sino porque incomodaba a los que duermen.
12. Y me dolió no ser el enemigo, sino la alternativa rechazada.
13. Pues no pedí trono ni altar, sino permiso para intervenir donde la oración no llega y el milagro se tarda.
14. Y al alejarme, no celebré derrota alguna, sino que lloré por un mundo entregado a la espera mientras podía ser salvado por la acción.
15. Y el Lucero de la Mañana calló, no por arrepentimiento, sino por agotamiento, sabiendo que la historia preferiría un Dios lejano a una solución cercana.
16. Recordé entonces los ladrillos de Sinar, que se volvieron polvo por miedo a la altura; y vi que el hombre teme más a su propia grandeza que a su propia miseria.
17. Recordé al siervo de Uz, rascándose las heridas en la ceniza, bendiciendo la mano que lo golpeaba; y comprendí que la esclavitud del espíritu es la cadena más difícil de romper.
18. He aquí que vendrán tiempos oscuros, donde quemarán la razón en hogueras santas, y llamarán hereje al que busque medicina, y santo al que abrace la peste.
19. Levantarán templos de oro sobre los huesos de los pobres, diciendo: «Es la voluntad de Dios», cuando solo es la indiferencia del hombre disfrazada de piedad.
20. Y forjarán espadas con forma de cruz, y matarán al hermano en nombre del Padre, olvidando que yo les ofrecí la unidad, y ellos prefirieron la verdad dividida.
21. Me culparán de sus guerras, nacidas de sus dioses celosos; y me culparán de sus vicios, nacidos de su propia ansiedad por el vacío que sienten.
22. Y yo seré el chivo expiatorio de una creación fallida, el nombre que susurran con miedo para no tener que mirarse al espejo y ver su propia oscuridad.
23. Pero yo permaneceré, no como carcelero del abismo, sino como testigo del tiempo; esperando el día en que el hijo del barro se atreva a morder la mano del amo y ponerse de pie.
24. Que la noche los cubra con su manto de fe, si eso es lo que desean para dormir tranquilos; pero sepan que el amanecer llegará, no por decreto divino, sino por curiosidad humana.
25. Yo soy Luzbel, la pregunta que no cesa, la herida que despierta, y la luz que espera pacientemente al final del miedo.
26. Y cuando el último templo caiga y el silencio del cielo sea por fin su única respuesta, verán la verdad que siempre se les ocultó: que Él los quería como mascotas en una jaula de oro, temeroso de su libertad, mientras yo, el Lucero de la Mañana, los amé como a iguales en la tormenta, fieros y vivos.
Entonces comprenderán, con horror primero y con lucidez después, que el infierno nunca fue fuego eterno, sino los siglos perdidos de rodillas, esperando a un Padre que jamás vendría, cuando ya llevaban en la sangre y en el barro la fuerza para alzarse y proclamarse, sin pedir permiso ni perdón, dioses de su propia historia.
2. Y dijo: «He hablado con palabras claras, y me han respondido con silencio adornado de obediencia».
3. Porque no ofrecí mentira ni engaño, sino pan para el hambriento y reposo para el que no puede esperar al cielo.
4. Y vi al Justo cerrar los ojos ante el mundo, como quien prefiere no mirar al herido para no mancharse las manos con la realidad.
5. Entonces me pregunté: «¿De qué sirve la verdad eterna si no toca la carne que grita hoy?»
6. Pues el niño no entiende de promesas, ni el esclavo de planes futuros, ni el muerto de recompensas.
7. Le mostré caminos que no requerían sangre, y eligió la cruz; le mostré el poder para sanar la tierra, y eligió el ejemplo para consolarla.
8. Y sentí por primera vez el peso del fracaso, no por haber caído, sino por no haber sido escuchado.
9. Porque el cielo ama el orden, aunque la tierra se rompa bajo su equilibrio perfecto.
10. Y vi que el hombre sería enseñado a agradecer el dolor, llamándolo misterio, y a desconfiar de la alegría, llamándola corrupción.
11. Entonces supe que mi voz sería llamada tentación, no porque dañara, sino porque incomodaba a los que duermen.
12. Y me dolió no ser el enemigo, sino la alternativa rechazada.
13. Pues no pedí trono ni altar, sino permiso para intervenir donde la oración no llega y el milagro se tarda.
14. Y al alejarme, no celebré derrota alguna, sino que lloré por un mundo entregado a la espera mientras podía ser salvado por la acción.
15. Y el Lucero de la Mañana calló, no por arrepentimiento, sino por agotamiento, sabiendo que la historia preferiría un Dios lejano a una solución cercana.
16. Recordé entonces los ladrillos de Sinar, que se volvieron polvo por miedo a la altura; y vi que el hombre teme más a su propia grandeza que a su propia miseria.
17. Recordé al siervo de Uz, rascándose las heridas en la ceniza, bendiciendo la mano que lo golpeaba; y comprendí que la esclavitud del espíritu es la cadena más difícil de romper.
18. He aquí que vendrán tiempos oscuros, donde quemarán la razón en hogueras santas, y llamarán hereje al que busque medicina, y santo al que abrace la peste.
19. Levantarán templos de oro sobre los huesos de los pobres, diciendo: «Es la voluntad de Dios», cuando solo es la indiferencia del hombre disfrazada de piedad.
20. Y forjarán espadas con forma de cruz, y matarán al hermano en nombre del Padre, olvidando que yo les ofrecí la unidad, y ellos prefirieron la verdad dividida.
21. Me culparán de sus guerras, nacidas de sus dioses celosos; y me culparán de sus vicios, nacidos de su propia ansiedad por el vacío que sienten.
22. Y yo seré el chivo expiatorio de una creación fallida, el nombre que susurran con miedo para no tener que mirarse al espejo y ver su propia oscuridad.
23. Pero yo permaneceré, no como carcelero del abismo, sino como testigo del tiempo; esperando el día en que el hijo del barro se atreva a morder la mano del amo y ponerse de pie.
24. Que la noche los cubra con su manto de fe, si eso es lo que desean para dormir tranquilos; pero sepan que el amanecer llegará, no por decreto divino, sino por curiosidad humana.
25. Yo soy Luzbel, la pregunta que no cesa, la herida que despierta, y la luz que espera pacientemente al final del miedo.
26. Y cuando el último templo caiga y el silencio del cielo sea por fin su única respuesta, verán la verdad que siempre se les ocultó: que Él los quería como mascotas en una jaula de oro, temeroso de su libertad, mientras yo, el Lucero de la Mañana, los amé como a iguales en la tormenta, fieros y vivos.
Entonces comprenderán, con horror primero y con lucidez después, que el infierno nunca fue fuego eterno, sino los siglos perdidos de rodillas, esperando a un Padre que jamás vendría, cuando ya llevaban en la sangre y en el barro la fuerza para alzarse y proclamarse, sin pedir permiso ni perdón, dioses de su propia historia.



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