Hace 6 horas
No es intención del melón que voy a abrir hacer daño a nadie. Ni apuntar a nadie. Ni tampoco esta entrada pretende ser un dardo envenenado para nadie.
Este asunto lleva años dando vueltas en mi cabeza y hoy es el día en el que me ha animado a compartirlo con vosotros.
Tiene que ver con la compatibilidad o incompatibilidad de ser Anciano de congregación (extiendo esta reflexión también a siervos ministeriales, superintendentes de circuito y betelitas) y a su vez PIMO. No lo entiendo.
Sinceramente, me “funde los plomos” dicha simbiosis, por incompatible -es mi opinión-. Creo que es ¿extraño? que un Anciano, que se declara PIMO, no sólo entre por este foro y otros a husmear sino que, dé un paso al frente y participe de manera activa y explícita, despotricando contra los TJs y cada una de sus doctrinas y por otro lado pertenezca al aparato logístico necesario para el mantenimiento de la estructura de mando de la Organización contra la que está despotricando. No sé, se me antoja, como poco, raro.
Lo que me gustaría conocer es una razón -sólo una-, convincente, por la que tú, claramente antagónico con los postulados de los TJs te mantienes como Anciano de congregación siendo PIMO.
Puedo entender, que alguien que ya no comparta las enseñanzas de los TJs, por múltiples motivos, continúen “dentro” de la Organización, particularmente, por el tejido social y familiar. Hasta ahí, puedo “comprar” el relato del por qué alguien puede ser “publicador” y además PIMO. Pero lo que no entiendo es que un “Anciano” sea PIMO. Es que son dos cosas, dos situaciones, dos posturas, completamente diferentes. Una cosa es estar, por estar (publicador), por amigos y familiares y otra cosa es estar, por estar (como Anciano), por amigos y familiares siendo parte activa de los que mueven el cotarro y mantienen la estructura de la Organización en la que no cree.
Esa postura última, no es necesaria, si lo que se pretende es continuar dentro por amigos y familia. Para eso no hay que estar en la cúpula, manteniendo la estructura alambicada que criticas como PIMO.
¿Cómo puede ser que un Anciano que se declara PIMO continúe de Anciano y por tanto, participe en comités judiciales? Realmente no lo entiendo. ¿Cómo puede ser que un Anciano PIMO presente discursos en su congregación, en otras congregaciones o en asambleas basados en un bosquejo cuyo contenido no comparte? ¡Hay que tener cuajo! ¿Cómo puede ser un referente en la predicación, cuyo mensaje no comparte? ¿Cómo puede ser un confidente de hermanos y un asesor espiritual, dando qué tipo de orientación? ¿Me puedes decir qué les cuentas o dices? Y podría continuar con el corolario, pero con lo expuesto creo que es suficiente.
Soy de la opinión de que las personas que son PIMOs y continúan en puestos de responsabilidad en la congregación son personas incoherentes y más importante, faltos de honestidad con ellos mismos.
Os contaré algo de mi experiencia personal. Fui Anciano por algo más de una década. Años 90 del siglo pasado. Existía Internet y teníamos alcance a “cierto” material, pero lo que hoy ofrece es abrumador, desde YouTube a múltiples redes y canales.
Con otro compañero Anciano llevábamos una congregación de 70-75 publicadores. Cuatro SM. Había tres reuniones semanales. Tenía dos vástagos, un trabajo a tiempo completo. Hacía dos rondas de visitas de pastoreo a media congregación al año. Realmente creía que estaba en el sitio adecuado y eso hacía que fuera un hombre comprometido con la causa. Hasta las trancas. Tanto que, incluso llegué, a veces, a anteponer la congregación a mi familia por atender asuntos de la congregación.
Pero incluso antes de ser nombrado SM en mi cabeza siempre rondaban las mismas inquietudes o “dudas”. No me importó que me nombraran SM pero sí como Anciano. No quería ser Anciano. Venían superintendentes de circuito y ancianos de prestigio de la zona a visitarme al trabajo, a la hora que sabían que desayunaba, para “animarme” a que aceptara mayores responsabilidades (el nombramiento de Anciano). La congregación y Jehová me necesitaban -insistían-. Y acepté.
Poco más de una década y… presenté mi dimisión, a principios del 2000. No podía más. No podía más, no por el cansancio o el agobio por tanta carga sobre mis hombros, trabajo, familia, congregación, ni por ser un superejemplo de todo y para todos. No. Lo que no podía más era seguir defendiendo aquello en lo que no creía. No podía continuar violando mi conciencia y no podía más ser deshonesto conmigo mismo.
Presenté mi carta de dimisión. Irrevocable. Las razones expuestas en la carta de dimisión, evidentemente, no fueron las reales. Quería continuar siendo miembro de la congregación para no perder a mi tejido social. En la carta aludí a razones de salud: el corazón. Las auténticas razones, en ese momento, eran otras, bien diferentes. Tres en particular, hoy rondarían las treinta, por decir un número.
Las razones fueron: no podía subir a la plataforma mes sí y mes también a pedir dinero a los hermanos. Había necesidad económica en la congregación. Pedir dinero, siempre me pareció de una bajeza moral de tal calado, que me superaba. Además, todos los noviembres de todos los años salía un artículo en La Atalaya, recordando las diferentes formas de donar, que posteriormente, en algún momento, se tocaba en alguna asignación en la extinguida Reunión de Servicio y que, igualmente, un año sí y otro también me tocaba dar.
Dos, arengar a los hermanos, reunión tras reunión, a no cejar en la predicación: a predicar más, a hacer el precursorado, a… cuando yo, precisamente, de lo que estaba firmemente convencido era de que el territorio de nuestra congregación lo que realmente necesitaba no era más predicación sino todo lo contrario, un descanso, un poco de paz, no predicarles en una buena temporada. Vamos, tipo barbecho.
Y en tercer lugar, la clave de bóveda: las transfusiones de sangre. Todos los eneros de todos los años había una asignación, también en la extinta Reunión de Servicio, sobre el tema de las transfusiones de sangre, tarjetas, opciones alternativas,… doctrina con la que SIEMPRE había estado en desacuerdo. Y cuando digo siempre, me refiero a desde incluso antes del nombramiento de SM. Con un poco de esfuerzo podía “comprar” aquello de que los TJs no debemos comer sangre, pero de ahí a prohibir las transfusiones sanguíneas… por eso no pasaba. Y como por mi formación como por el mundo laboral en el que me movía hicieron que sobre el tema de la sangre llegara a ser considerado por muchos, permitidme la expresión, un “experto”, siempre me tocaban las asignaciones relacionadas con la sangre. Y yo, en desacuerdo absoluto con lo que tenía que promover o predicar entre los hermanos. No podía ni pensar qué hubiera sido de mi si por mi culpa algún hermano o hermana hubiera muerto o dejado morir a sus hijos consecuencia de mis “sabios consejos”.
¿Consecuencia? Once años duré como anciano. Mi conciencia, cada vez tiraba más en la dirección contraria, así que, en un acto de coherencia personal, presenté mi dimisión y como decía antes, irrevocable. Eran incompatibles mis pensamientos y mi yo interno con lo que tenía que “vender” como Anciano.
Así que, cuando en este Foro veo a personas que dicen ser Ancianos (y SM) y veo su actitud, antagónica con lo que representan y en contra de los TJs (PIMOs), como decía antes, sinceramente, mi cerebro estalla generándome decenas de micro ictus.
Anciano PIMO ¿eres consciente de que eres cooperador necesario de toda la basura de los TJs y que tu permanencia como Anciano contribuye al mantenimiento del engaño y a que la maquinaria de los TJs continúe engrasada? Los TJs son una Organización corrompida, que hace mucho daño y que aporta poco bien a la Sociedad.
Creo que caerán como Religión. Y caerá desde cualquiera de estas tres fuentes, exteriores e interiores. Exteriores por la presión judicial y gubernamental a la que están, cada vez más, siendo sometida, e interiores, por la diáspora de Ancianos en sus puestos, por la falta de vocación en los jóvenes para ocupar sus vacantes y en último lugar, por la escasez de recursos económicos.
Anciano, si eres PIMO, te hago un llamamiento a que contribuyas a la caída de los TJs. Deja tu puesto de Anciano, así dejarás de mantener la estructura de poder de esa Organización. Deja de apoyarlos económicamente, así contribuirás a su caída económica. Yo, así lo entendí y desde que dejé de ser Anciano, hace unos 25 años, no he vuelto a echar un solo céntimo de euro a las cajas de contribuciones o a Donate. Lo contribuido hasta ese momento, en mi caso, compensa con creces estos 25 años sin contribuir más los que me quedan para dejar este mundo… si es que antes no he dejado de reunirme con ellos.
Anciano PIMO, dimite de tu puesto. Sé un TJ de a pie. Ganarás no sólo en higiene mental sino también, y más importante, en coherencia moral y espiritual. No te traiciones por apoyar a quien no merece tu apoyo, ni de broma.
Concluyo. Si el que lee esto es Anciano y PIMO, te repito la pregunta del inicio. ¿Cuál es la razón, razonada si puedes, que justifique tu mantenimiento como Anciano siendo PIMO -la pregunta sirve también si eres SM, SC o Betelita-?
Gracias por leerme y disculpad lo larga que me ha salido la entrada.
Quinto Mucio Escévola
Este asunto lleva años dando vueltas en mi cabeza y hoy es el día en el que me ha animado a compartirlo con vosotros.
Tiene que ver con la compatibilidad o incompatibilidad de ser Anciano de congregación (extiendo esta reflexión también a siervos ministeriales, superintendentes de circuito y betelitas) y a su vez PIMO. No lo entiendo.
Sinceramente, me “funde los plomos” dicha simbiosis, por incompatible -es mi opinión-. Creo que es ¿extraño? que un Anciano, que se declara PIMO, no sólo entre por este foro y otros a husmear sino que, dé un paso al frente y participe de manera activa y explícita, despotricando contra los TJs y cada una de sus doctrinas y por otro lado pertenezca al aparato logístico necesario para el mantenimiento de la estructura de mando de la Organización contra la que está despotricando. No sé, se me antoja, como poco, raro.
Lo que me gustaría conocer es una razón -sólo una-, convincente, por la que tú, claramente antagónico con los postulados de los TJs te mantienes como Anciano de congregación siendo PIMO.
Puedo entender, que alguien que ya no comparta las enseñanzas de los TJs, por múltiples motivos, continúen “dentro” de la Organización, particularmente, por el tejido social y familiar. Hasta ahí, puedo “comprar” el relato del por qué alguien puede ser “publicador” y además PIMO. Pero lo que no entiendo es que un “Anciano” sea PIMO. Es que son dos cosas, dos situaciones, dos posturas, completamente diferentes. Una cosa es estar, por estar (publicador), por amigos y familiares y otra cosa es estar, por estar (como Anciano), por amigos y familiares siendo parte activa de los que mueven el cotarro y mantienen la estructura de la Organización en la que no cree.
Esa postura última, no es necesaria, si lo que se pretende es continuar dentro por amigos y familia. Para eso no hay que estar en la cúpula, manteniendo la estructura alambicada que criticas como PIMO.
¿Cómo puede ser que un Anciano que se declara PIMO continúe de Anciano y por tanto, participe en comités judiciales? Realmente no lo entiendo. ¿Cómo puede ser que un Anciano PIMO presente discursos en su congregación, en otras congregaciones o en asambleas basados en un bosquejo cuyo contenido no comparte? ¡Hay que tener cuajo! ¿Cómo puede ser un referente en la predicación, cuyo mensaje no comparte? ¿Cómo puede ser un confidente de hermanos y un asesor espiritual, dando qué tipo de orientación? ¿Me puedes decir qué les cuentas o dices? Y podría continuar con el corolario, pero con lo expuesto creo que es suficiente.
Soy de la opinión de que las personas que son PIMOs y continúan en puestos de responsabilidad en la congregación son personas incoherentes y más importante, faltos de honestidad con ellos mismos.
Os contaré algo de mi experiencia personal. Fui Anciano por algo más de una década. Años 90 del siglo pasado. Existía Internet y teníamos alcance a “cierto” material, pero lo que hoy ofrece es abrumador, desde YouTube a múltiples redes y canales.
Con otro compañero Anciano llevábamos una congregación de 70-75 publicadores. Cuatro SM. Había tres reuniones semanales. Tenía dos vástagos, un trabajo a tiempo completo. Hacía dos rondas de visitas de pastoreo a media congregación al año. Realmente creía que estaba en el sitio adecuado y eso hacía que fuera un hombre comprometido con la causa. Hasta las trancas. Tanto que, incluso llegué, a veces, a anteponer la congregación a mi familia por atender asuntos de la congregación.
Pero incluso antes de ser nombrado SM en mi cabeza siempre rondaban las mismas inquietudes o “dudas”. No me importó que me nombraran SM pero sí como Anciano. No quería ser Anciano. Venían superintendentes de circuito y ancianos de prestigio de la zona a visitarme al trabajo, a la hora que sabían que desayunaba, para “animarme” a que aceptara mayores responsabilidades (el nombramiento de Anciano). La congregación y Jehová me necesitaban -insistían-. Y acepté.
Poco más de una década y… presenté mi dimisión, a principios del 2000. No podía más. No podía más, no por el cansancio o el agobio por tanta carga sobre mis hombros, trabajo, familia, congregación, ni por ser un superejemplo de todo y para todos. No. Lo que no podía más era seguir defendiendo aquello en lo que no creía. No podía continuar violando mi conciencia y no podía más ser deshonesto conmigo mismo.
Presenté mi carta de dimisión. Irrevocable. Las razones expuestas en la carta de dimisión, evidentemente, no fueron las reales. Quería continuar siendo miembro de la congregación para no perder a mi tejido social. En la carta aludí a razones de salud: el corazón. Las auténticas razones, en ese momento, eran otras, bien diferentes. Tres en particular, hoy rondarían las treinta, por decir un número.
Las razones fueron: no podía subir a la plataforma mes sí y mes también a pedir dinero a los hermanos. Había necesidad económica en la congregación. Pedir dinero, siempre me pareció de una bajeza moral de tal calado, que me superaba. Además, todos los noviembres de todos los años salía un artículo en La Atalaya, recordando las diferentes formas de donar, que posteriormente, en algún momento, se tocaba en alguna asignación en la extinguida Reunión de Servicio y que, igualmente, un año sí y otro también me tocaba dar.
Dos, arengar a los hermanos, reunión tras reunión, a no cejar en la predicación: a predicar más, a hacer el precursorado, a… cuando yo, precisamente, de lo que estaba firmemente convencido era de que el territorio de nuestra congregación lo que realmente necesitaba no era más predicación sino todo lo contrario, un descanso, un poco de paz, no predicarles en una buena temporada. Vamos, tipo barbecho.
Y en tercer lugar, la clave de bóveda: las transfusiones de sangre. Todos los eneros de todos los años había una asignación, también en la extinta Reunión de Servicio, sobre el tema de las transfusiones de sangre, tarjetas, opciones alternativas,… doctrina con la que SIEMPRE había estado en desacuerdo. Y cuando digo siempre, me refiero a desde incluso antes del nombramiento de SM. Con un poco de esfuerzo podía “comprar” aquello de que los TJs no debemos comer sangre, pero de ahí a prohibir las transfusiones sanguíneas… por eso no pasaba. Y como por mi formación como por el mundo laboral en el que me movía hicieron que sobre el tema de la sangre llegara a ser considerado por muchos, permitidme la expresión, un “experto”, siempre me tocaban las asignaciones relacionadas con la sangre. Y yo, en desacuerdo absoluto con lo que tenía que promover o predicar entre los hermanos. No podía ni pensar qué hubiera sido de mi si por mi culpa algún hermano o hermana hubiera muerto o dejado morir a sus hijos consecuencia de mis “sabios consejos”.
¿Consecuencia? Once años duré como anciano. Mi conciencia, cada vez tiraba más en la dirección contraria, así que, en un acto de coherencia personal, presenté mi dimisión y como decía antes, irrevocable. Eran incompatibles mis pensamientos y mi yo interno con lo que tenía que “vender” como Anciano.
Así que, cuando en este Foro veo a personas que dicen ser Ancianos (y SM) y veo su actitud, antagónica con lo que representan y en contra de los TJs (PIMOs), como decía antes, sinceramente, mi cerebro estalla generándome decenas de micro ictus.
Anciano PIMO ¿eres consciente de que eres cooperador necesario de toda la basura de los TJs y que tu permanencia como Anciano contribuye al mantenimiento del engaño y a que la maquinaria de los TJs continúe engrasada? Los TJs son una Organización corrompida, que hace mucho daño y que aporta poco bien a la Sociedad.
Creo que caerán como Religión. Y caerá desde cualquiera de estas tres fuentes, exteriores e interiores. Exteriores por la presión judicial y gubernamental a la que están, cada vez más, siendo sometida, e interiores, por la diáspora de Ancianos en sus puestos, por la falta de vocación en los jóvenes para ocupar sus vacantes y en último lugar, por la escasez de recursos económicos.
Anciano, si eres PIMO, te hago un llamamiento a que contribuyas a la caída de los TJs. Deja tu puesto de Anciano, así dejarás de mantener la estructura de poder de esa Organización. Deja de apoyarlos económicamente, así contribuirás a su caída económica. Yo, así lo entendí y desde que dejé de ser Anciano, hace unos 25 años, no he vuelto a echar un solo céntimo de euro a las cajas de contribuciones o a Donate. Lo contribuido hasta ese momento, en mi caso, compensa con creces estos 25 años sin contribuir más los que me quedan para dejar este mundo… si es que antes no he dejado de reunirme con ellos.
Anciano PIMO, dimite de tu puesto. Sé un TJ de a pie. Ganarás no sólo en higiene mental sino también, y más importante, en coherencia moral y espiritual. No te traiciones por apoyar a quien no merece tu apoyo, ni de broma.
Concluyo. Si el que lee esto es Anciano y PIMO, te repito la pregunta del inicio. ¿Cuál es la razón, razonada si puedes, que justifique tu mantenimiento como Anciano siendo PIMO -la pregunta sirve también si eres SM, SC o Betelita-?
Gracias por leerme y disculpad lo larga que me ha salido la entrada.
Quinto Mucio Escévola
"Explicaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias y lo que puede ser afirmado sin pruebas, puede ser rechazado sin pruebas" (Christopher Eric Hitchens)



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