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La niña que nació en una jaula. Nuevo artículo en mi blog
#1

LA NIÑA QUE NACIÓ EN UNA JAULA
Un cuento sobre la liberación emocional

Había una vez una niña que nació en una jaula, pero no era una jaula cualquiera, era la mejor jaula del mundo. La jaula no es para aprisionarte, le explicaron, es para protegerte. Afuera hay todo un mundo hostil y te harán daño. La niña se sentía feliz, las demás niñas no tenían el privilegio de haber nacido en la mejor jaula del mundo. A veces las veía sonreír felices y una sombra le oscurecía la mirada. Se aferraba a los barrotes con sus pequeñas manitas imaginando cómo podría ser la vida más allá de su angosta jaula.

Sin embargo, entendía muy bien el peligro que acechaba afuera. Los demás niños son crueles -le explicaron- hay maldad en todas partes, nadie te amará realmente y se burlarán de ti. Entonces la niña entendió. Solo dentro de su jaula podría sentirse a salvo y segura, porque solo allí la aceptaban como era y la amaban. Y aprendió a agradecer por recibir tanto amor a pesar de no merecerlo.

No obstante, había tardes en que la niña se sentía inquieta, los niños jugaban cerca y ella podía escuchar sus gritos y risas. No le parecía que fueran tan malos, o quizás solo un poco… Sería tan bueno salir a jugar –pensaba- tomar el sol, reír a carcajadas, bañarse en las aguas cristalinas del rio. Al final, ¿qué de malo podría haber en esas cosas? Pero como si leyeran sus pensamientos, esa misma tarde aparecían más cerrojos en la puerta de su jaula. Y la mirada reprochadora le hacía sentirse culpable por tan solo atreverse a pensar en escapar.

Pero una cálida mañana de abril, la puerta amaneció sin cerrar, alguien había olvidado poner los cerrojos y a la niña le fue fácil abrirla. Tenía mucho miedo y el corazón le palpitaba en el pecho. Dudó por un momento, sabía que no estaba haciendo lo correcto, pero la curiosidad que le hormigueaba en el cuerpo fue más poderosa. Al abrir sigilosamente el portón que la separaba del mundo exterior, una brillante luz le hizo cerrar los ojos. El miedo volvió a apoderarse de ella, pero unos segundos después, cuando al fin pudo abrir los ojos, su corazón comenzó a gritarle con una voz atronadora que corriera muy lejos, a todo lo que pudieran darle sus pequeños piececitos.
Cuando por fin se detuvo se encontraba muy lejos. Había corrido mucho tiempo y nadie podría encontrarla nuevamente. Miró a su alrededor, la hierba era tan verde y el cielo tan azul que la niña respiró profundamente como para que el mundo entero le cupiera en el pecho. Todo le parecía sublime y maravilloso y se recostó sobre la hierba a mirar el cielo por primera vez en su vida.
Estuvo mucho tiempo así, hasta que su estómago le recordó que necesitaba comer. Muy cerca encontró un frondoso árbol de manzanas y la niña se acercó a tomar una. Pero una voz gutural la detuvo al instante. Dos niños de aspecto rudo se abalanzaron hacia ella para golpearla y tuvo que huir rápidamente y escapar. Anduvo errante mucho tiempo, su ropa estaba rota y su cabello sucio y revuelto, tenía hambre y frio, pero solo recibía burlas y baldes de agua fría para alejarla...

Si quieres leer el cuento completo y la reflexión que lo acompaña, entra a este link
https://www.elblogdeamaliaflores.com/un-...emocional/

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#2

Hola Amalia.

Leí tu escrito (estoy suscrito a tu blog por RSS).

Yo usaba una historia muy parecida en una de las conferencias que daba en las congregaciones, y la usaba justamente para enseñar que, aunque dentro de la organización habían reglas que parecían restrictivas, eran para nuestro beneficio, que no eran para limitar nuestra libertad sino para protegernos del "león rugiente" que nos acecha todo el tiempo. Quién sube cuánto daño pude causar con mis palabras, me siento mal por ello.

Gracias por compartir tu tiempo y talento con nosotros.

Ubi dubium ibi libertas (Donde hay dudas hay libertad)
"La verdad nunca teme ser examinada, la mentira sí."
[Imagen: Stargate-extj-gmail-com-icon.png]
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#3

Pues lo importante es que ahora tienes la humildad para reconocerlo. Fuimos muchos los que cometimos ese error. Recuerdo cómo predicaba apasionadamente. Creía firmemente que tenia la verdad absoluta. Cuanta estupidez. Que bueno que hemos despertado

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