Hace 2 horas
Las recientes canciones internacionales de los testigos de Jehová tienen fans y detractores entre la misma comunidad. Por ejemplo, a varios les sorprendió en la última entrega escuchar una bachata, un género musical que por lo general tiene un toque sensual tanto en la letra como en el baile. Para algunos Testigos esto es parecerse cada día más a los autodenominados grupos "cristianos" cuyo sello distintivo es incluir música con letra religiosa no solo en su culto sino también en otros ámbitos de su vida y que han incurrido en géneros tan extraños como el rock pesado o el metal.
Entre los detractores hay mucho Testigo veterano, los "old school", que defienden que la música religiosa debe ser solemne y debe distinguirse de la música ordinaria. Desde esta perpectiva, la función de la música no solo es hablar de Dios, sino favorecer la "elevación" espiritual y la reverencia de lo sagrado. Muchos de ellos aún recuerdan con cariño las "melodías del Reino" que se tocaban a puro piano u orquesta en los años 90s y les siguen pareciendo lo mejor.
La discusión es viejísima. San Agustín de Hipona en sus Confesiones ya ponía sobre la mesa el tema y pedía examinar si las emociones que se experimentaban con los cantos procedían del mensaje espiritual de los textos o solo eran producto del placer que producía la música. En otras palabras, que la emoción terminara por ahogar el mensaje espiritual.
La cuestión sigue vigente. ¿Debe la música servir para crear un espacio separado de lo sagrado o debe lo sagrado o religioso llevarse a todos los espacios de la vida humana? ¿Se utiliza la música para acompañar la fe o para explotar emocionalmente a la audiencia? ¿La emoción ayuda a reflexionar o se convierte en un fin en sí mismo?
Entre los detractores hay mucho Testigo veterano, los "old school", que defienden que la música religiosa debe ser solemne y debe distinguirse de la música ordinaria. Desde esta perpectiva, la función de la música no solo es hablar de Dios, sino favorecer la "elevación" espiritual y la reverencia de lo sagrado. Muchos de ellos aún recuerdan con cariño las "melodías del Reino" que se tocaban a puro piano u orquesta en los años 90s y les siguen pareciendo lo mejor.
La discusión es viejísima. San Agustín de Hipona en sus Confesiones ya ponía sobre la mesa el tema y pedía examinar si las emociones que se experimentaban con los cantos procedían del mensaje espiritual de los textos o solo eran producto del placer que producía la música. En otras palabras, que la emoción terminara por ahogar el mensaje espiritual.
La cuestión sigue vigente. ¿Debe la música servir para crear un espacio separado de lo sagrado o debe lo sagrado o religioso llevarse a todos los espacios de la vida humana? ¿Se utiliza la música para acompañar la fe o para explotar emocionalmente a la audiencia? ¿La emoción ayuda a reflexionar o se convierte en un fin en sí mismo?
¿Son tus convicciones tan frágiles que no pueden oponerse a las mías?
¿Es tu dios tan frágil, tan débil? ¡Qué vergüenza!
- Letras prohibidas (2000)


