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Desvinculandose correctamente de la Watchtower
#1

En 5 años desde las sombras y mi correo electrónico del foro ayudé a alrededor de 45 personas a evitar un comité judicial. Curiosamente, nada de eso me preparó cuando yo mismo estuve a las puertas de uno.

Mientras terminaba de escribir un libro que pronto voy a publicar, me quedaba la sensación de que faltaba algo más… fue así como me di cuenta de ciertos patrones en el libro Pastoreen: ¿Por qué se sugiere no hacer comité si la persona no es reconocida como TJ en su vecindario? ¿Por qué se admite que es riesgoso que los ancianos reciban pruebas de audio, video o capturas de pantalla? ¿Por qué la organización solicita país tras país que los publicadores firmen un consentimiento de uso de datos? ¿Por qué se debe consultar a la sucursal si un acusado no es localizable y no se le puede informar el resultado de su comité para anunciarlo a la congregación? ¿por qué la sucursal instruye a los ancianos que se comuniquen a betel si un acusado amenaza con demandar?

Todo esto me llevó a investigar las leyes de datos de mi país, México, pero curiosamente me di cuenta de que la mayoría de los países de Latinoamérica tiene leyes muy estrictas al respecto, incluso por encima de las de Estados Unidos.


Justo estaba diseñando ese capítulo, cuando me llegó la información que cambió mi plan de salida: los ancianos estaban haciendo una investigación a mis espaldas para hacerme un comité. Eso me llevó a un punto de no retorno, probar cuánto podría servir lo que investigué. Los detalles seguramente los contaré en otro momento. Mientras tanto, quiero ponerlos al corriente de algo que puede ayudar a quienes de verdad quieren salir.

Desafortunadamente, legalmente no se puede de momento retirar todo intento de control de la WT sobre nuestras vidas, no existe el marco jurídico para ejercerlo. Gracias al encomiable trabajo jurídico que se está realizando en Europa y Japón la situación tal vez cambie en una década. Aún así, hay una figura clave en todo esto: La revocación de consentimiento.


¿Qué es la revocación de consentimiento? Por confiar en una religión, entregamos nuestros derechos básicos, nos entregamos a ciegas y en el proceso espiritual desconocimos que aún dedicándonos a Jehová y una organización, conservábamos derechos, la Watchtower nunca nos los informó. Pero para que legalmente pudiera operar este control sobre nuestras vidas, se necesitaba consentimiento, por décadas ese consentimiento fue verbal, pero con los años los gobiernos han exigido a todo tipo de organizaciones formalizar ese consentimiento mediante una hoja de uso de datos personales.


Sin embargo, en los últimos años la batalla legal entre la Watchtower y sus ex miembros ha sido hasta que grado debe llegar ese consentimiento y si este es revocable. ¿Te imaginas que contrataras un proveedor de internet que se negara bajo ningún motivo a cancelarte el servicio o que accediera a cancelarlo pero exigiera seguirte cobrando mes con mes? Así de absurda es la idea de consentimiento de la Watchtower, quien exige que incluso saliendo de su religión mediante expulsión o desasociación, sigas jugando bajo sus reglas… es ahí donde quise saber, qué se puede hacer. Continuará en la parte 2.

despuesdelarmagedon@gmail.com
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#2

(Hace 10 horas)Anciano Señalado escribió:  En 5 años desde las sombras y mi correo electrónico del foro ayudé a alrededor de 45 personas a evitar un comité judicial. Curiosamente, nada de eso me preparó cuando yo mismo estuve a las puertas de uno.

Mientras terminaba de escribir un libro que pronto voy a publicar, me quedaba la sensación de que faltaba algo más… fue así como me di cuenta de ciertos patrones en el libro Pastoreen: ¿Por qué se sugiere no hacer comité si la persona no es reconocida como TJ en su vecindario? ¿Por qué se admite que es riesgoso que los ancianos reciban pruebas de audio, video o capturas de pantalla? ¿Por qué la organización solicita país tras país que los publicadores firmen un consentimiento de uso de datos? ¿Por qué se debe consultar a la sucursal si un acusado no es localizable y no se le puede informar el resultado de su comité para anunciarlo a la congregación? ¿por qué la sucursal instruye a los ancianos que se comuniquen a betel si un acusado amenaza con demandar?

Todo esto me llevó a investigar las leyes de datos de mi país, México, pero curiosamente me di cuenta de que la mayoría de los países de Latinoamérica tiene leyes muy estrictas al respecto, incluso por encima de las de Estados Unidos.


Justo estaba diseñando ese capítulo, cuando me llegó la información que cambió mi plan de salida: los ancianos estaban haciendo una investigación a mis espaldas para hacerme un comité. Eso me llevó a un punto de no retorno, probar cuánto podría servir lo que investigué. Los detalles seguramente los contaré en otro momento. Mientras tanto, quiero ponerlos al corriente de algo que puede ayudar a quienes de verdad quieren salir.

Desafortunadamente, legalmente no se puede de momento retirar todo intento de control de la WT sobre nuestras vidas, no existe el marco jurídico para ejercerlo. Gracias al encomiable trabajo jurídico que se está realizando en Europa y Japón la situación tal vez cambie en una década. Aún así, hay una figura clave en todo esto: La revocación de consentimiento.


¿Qué es la revocación de consentimiento? Por confiar en una religión, entregamos nuestros derechos básicos, nos entregamos a ciegas y en el proceso espiritual desconocimos que aún dedicándonos a Jehová y una organización, conservábamos derechos, la Watchtower nunca nos los informó. Pero para que legalmente pudiera operar este control sobre nuestras vidas, se necesitaba consentimiento, por décadas ese consentimiento fue verbal, pero con los años los gobiernos han exigido a todo tipo de organizaciones formalizar ese consentimiento mediante una hoja de uso de datos personales.


Sin embargo, en los últimos años la batalla legal entre la Watchtower y sus ex miembros ha sido hasta que grado debe llegar ese consentimiento y si este es revocable. ¿Te imaginas que contrataras un proveedor de internet que se negara bajo ningún motivo a cancelarte el servicio o que accediera a cancelarlo pero exigiera seguirte cobrando mes con mes? Así de absurda es la idea de consentimiento de la Watchtower, quien exige que incluso saliendo de su religión mediante expulsión o desasociación, sigas jugando bajo sus reglas… es ahí donde quise saber, qué se puede hacer. Continuará en la parte 2.

Ey Anciano, justo estaba por decirte que estoy muy emocionado de que narres la historia, no la he leído todavía pero quiero traerme una palomitas para hacerlo, gracias por compartirnos la experiencia


No estoy descubriendo algo nuevo, simplemente redactando información que quiero recordar más adelante 
- DeadJPool
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#3

(Hace 10 horas)Anciano Señalado escribió:  En 5 años desde las sombras y mi correo electrónico del foro ayudé a alrededor de 45 personas a evitar un comité judicial. Curiosamente, nada de eso me preparó cuando yo mismo estuve a las puertas de uno.

Mientras terminaba de escribir un libro que pronto voy a publicar, me quedaba la sensación de que faltaba algo más… fue así como me di cuenta de ciertos patrones en el libro Pastoreen: ¿Por qué se sugiere no hacer comité si la persona no es reconocida como TJ en su vecindario? ¿Por qué se admite que es riesgoso que los ancianos reciban pruebas de audio, video o capturas de pantalla? ¿Por qué la organización solicita país tras país que los publicadores firmen un consentimiento de uso de datos? ¿Por qué se debe consultar a la sucursal si un acusado no es localizable y no se le puede informar el resultado de su comité para anunciarlo a la congregación? ¿por qué la sucursal instruye a los ancianos que se comuniquen a betel si un acusado amenaza con demandar?

Todo esto me llevó a investigar las leyes de datos de mi país, México, pero curiosamente me di cuenta de que la mayoría de los países de Latinoamérica tiene leyes muy estrictas al respecto, incluso por encima de las de Estados Unidos.


Justo estaba diseñando ese capítulo, cuando me llegó la información que cambió mi plan de salida: los ancianos estaban haciendo una investigación a mis espaldas para hacerme un comité. Eso me llevó a un punto de no retorno, probar cuánto podría servir lo que investigué. Los detalles seguramente los contaré en otro momento. Mientras tanto, quiero ponerlos al corriente de algo que puede ayudar a quienes de verdad quieren salir.

Desafortunadamente, legalmente no se puede de momento retirar todo intento de control de la WT sobre nuestras vidas, no existe el marco jurídico para ejercerlo. Gracias al encomiable trabajo jurídico que se está realizando en Europa y Japón la situación tal vez cambie en una década. Aún así, hay una figura clave en todo esto: La revocación de consentimiento.


¿Qué es la revocación de consentimiento? Por confiar en una religión, entregamos nuestros derechos básicos, nos entregamos a ciegas y en el proceso espiritual desconocimos que aún dedicándonos a Jehová y una organización, conservábamos derechos, la Watchtower nunca nos los informó. Pero para que legalmente pudiera operar este control sobre nuestras vidas, se necesitaba consentimiento, por décadas ese consentimiento fue verbal, pero con los años los gobiernos han exigido a todo tipo de organizaciones formalizar ese consentimiento mediante una hoja de uso de datos personales.


Sin embargo, en los últimos años la batalla legal entre la Watchtower y sus ex miembros ha sido hasta que grado debe llegar ese consentimiento y si este es revocable. ¿Te imaginas que contrataras un proveedor de internet que se negara bajo ningún motivo a cancelarte el servicio o que accediera a cancelarlo pero exigiera seguirte cobrando mes con mes? Así de absurda es la idea de consentimiento de la Watchtower, quien exige que incluso saliendo de su religión mediante expulsión o desasociación, sigas jugando bajo sus reglas… es ahí donde quise saber, qué se puede hacer. Continuará en la parte 2.

Algo muy difícil de hacer para un testigo de Jehová es poner límites, decir “no”. La mayoría de los TJ sienten miedo o hasta nauseas cuando los ancianos solicitar platicar en privado, cuando se agenda una visita de pastoreo, o cuando se les cita a un comité. Esto sucede por el control emocional, porque el publicador generalmente siente que no puede decir “no”. Quienes rara vez se rehúsan a hablar con los ancianos son vistos como rebeldes, en el pasado eran señalados públicamente desde la plataforma. Ahora el consentimiento ya no solo es verbal, es formalizado mediante una hoja de datos que el publicador firma, confiando ciegamente sin leer los términos y condiciones.


Pero muy pocos saben que se puede perfectamente ser publicador sin firmar dicha hoja, no es un requisito indispensable. Se puede salir a predicar, e incluso tener asignaciones en la plataforma sin firmar, aunque claro, alguien que decida esto debe ser “concientizado” por los ancianos (por orden de la sucursal) a aclararle que esto es un simple “trámite administrativo” sin mayor repercusión, así que hasta la fecha no he sabido de un publicador activo que se resista a firmarlo. No es indispensable firmarlo, pero nadie te informa que no lo es.


Ahora bien, la disciplina espiritual necesita el procesamiento de datos: tu nombre, tu estado espiritual, tus creencias, tu estado civil, domicilio… uno rara vez es consiente de que los ancianos manipulan nuestros datos personales disfrazándolo de seguimiento espiritual.


¿Qué pasa si alguien revoca el consentimiento? El código de programación pastoral no sabe cómo proceder: ¿cómo localizas a un publicador que te prohíbe conservar el registro de su domicilio? ¿Cómo marcarle si ha prohibido conservar su número telefónico? ¿Cómo hacerle un comité judicial si no se puede mencionar su nombre ni estado espiritual? Los ancianos no están preparados para esos escenarios, porque eso corresponde a la categoría de gestión de riesgos, una materia que la sucursal no desea que los ancianos conozcan. Así que, cuando un publicador solicita formalmente la supresión de sus datos y revocación de consentimiento, los ancianos no saben qué hacer, intentan encaminar al asunto dentro del plano espiritual pero terminan reconociendo que no cuentan con la autorización ni la capacitación para manejarlo y tienen que escalarlo a la sucursal.


¿Qué sucede cuando llega a la sucursal una solicitud de este tipo? La respuesta es diametralmente opuesta a la de los ancianos. La sucursal sabe perfectamente que para que el sistema siga prosperando deben navegar en las aguas de la legalidad; no quieren ser como los esenios y retirarse al desierto para fundar su propia comunidad para ayunar y copiar a mano el libro de Isaías, les gusta vivir en la comodidad que les ofrece ser reconocidos como asociación religiosa pero con su estatus vienen las obligaciones.


En ese momento la relación que usualmente es asimétrica, donde el publicador creía que no tiene ningún derecho, se vuelve una relación entre iguales: un ciudadano exigiendo sus derechos a una corporación legal… (Continuará en la parte 3)

despuesdelarmagedon@gmail.com
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#4

(Hace 10 horas)Anciano Señalado escribió:  
(Hace 10 horas)Anciano Señalado escribió:  En 5 años desde las sombras y mi correo electrónico del foro ayudé a alrededor de 45 personas a evitar un comité judicial. Curiosamente, nada de eso me preparó cuando yo mismo estuve a las puertas de uno.

Mientras terminaba de escribir un libro que pronto voy a publicar, me quedaba la sensación de que faltaba algo más… fue así como me di cuenta de ciertos patrones en el libro Pastoreen: ¿Por qué se sugiere no hacer comité si la persona no es reconocida como TJ en su vecindario? ¿Por qué se admite que es riesgoso que los ancianos reciban pruebas de audio, video o capturas de pantalla? ¿Por qué la organización solicita país tras país que los publicadores firmen un consentimiento de uso de datos? ¿Por qué se debe consultar a la sucursal si un acusado no es localizable y no se le puede informar el resultado de su comité para anunciarlo a la congregación? ¿por qué la sucursal instruye a los ancianos que se comuniquen a betel si un acusado amenaza con demandar?

Todo esto me llevó a investigar las leyes de datos de mi país, México, pero curiosamente me di cuenta de que la mayoría de los países de Latinoamérica tiene leyes muy estrictas al respecto, incluso por encima de las de Estados Unidos.


Justo estaba diseñando ese capítulo, cuando me llegó la información que cambió mi plan de salida: los ancianos estaban haciendo una investigación a mis espaldas para hacerme un comité. Eso me llevó a un punto de no retorno, probar cuánto podría servir lo que investigué. Los detalles seguramente los contaré en otro momento. Mientras tanto, quiero ponerlos al corriente de algo que puede ayudar a quienes de verdad quieren salir.

Desafortunadamente, legalmente no se puede de momento retirar todo intento de control de la WT sobre nuestras vidas, no existe el marco jurídico para ejercerlo. Gracias al encomiable trabajo jurídico que se está realizando en Europa y Japón la situación tal vez cambie en una década. Aún así, hay una figura clave en todo esto: La revocación de consentimiento.


¿Qué es la revocación de consentimiento? Por confiar en una religión, entregamos nuestros derechos básicos, nos entregamos a ciegas y en el proceso espiritual desconocimos que aún dedicándonos a Jehová y una organización, conservábamos derechos, la Watchtower nunca nos los informó. Pero para que legalmente pudiera operar este control sobre nuestras vidas, se necesitaba consentimiento, por décadas ese consentimiento fue verbal, pero con los años los gobiernos han exigido a todo tipo de organizaciones formalizar ese consentimiento mediante una hoja de uso de datos personales.


Sin embargo, en los últimos años la batalla legal entre la Watchtower y sus ex miembros ha sido hasta que grado debe llegar ese consentimiento y si este es revocable. ¿Te imaginas que contrataras un proveedor de internet que se negara bajo ningún motivo a cancelarte el servicio o que accediera a cancelarlo pero exigiera seguirte cobrando mes con mes? Así de absurda es la idea de consentimiento de la Watchtower, quien exige que incluso saliendo de su religión mediante expulsión o desasociación, sigas jugando bajo sus reglas… es ahí donde quise saber, qué se puede hacer. Continuará en la parte 2.

Algo muy difícil de hacer para un testigo de Jehová es poner límites, decir “no”. La mayoría de los TJ sienten miedo o hasta nauseas cuando los ancianos solicitar platicar en privado, cuando se agenda una visita de pastoreo, o cuando se les cita a un comité. Esto sucede por el control emocional, porque el publicador generalmente siente que no puede decir “no”. Quienes rara vez se rehúsan a hablar con los ancianos son vistos como rebeldes, en el pasado eran señalados públicamente desde la plataforma. Ahora el consentimiento ya no solo es verbal, es formalizado mediante una hoja de datos que el publicador firma, confiando ciegamente sin leer los términos y condiciones.


Pero muy pocos saben que se puede perfectamente ser publicador sin firmar dicha hoja, no es un requisito indispensable. Se puede salir a predicar, e incluso tener asignaciones en la plataforma sin firmar, aunque claro, alguien que decida esto debe ser “concientizado” por los ancianos (por orden de la sucursal) a aclararle que esto es un simple “trámite administrativo” sin mayor repercusión, así que hasta la fecha no he sabido de un publicador activo que se resista a firmarlo. No es indispensable firmarlo, pero nadie te informa que no lo es.


Ahora bien, la disciplina espiritual necesita el procesamiento de datos: tu nombre, tu estado espiritual, tus creencias, tu estado civil, domicilio… uno rara vez es consiente de que los ancianos manipulan nuestros datos personales disfrazándolo de seguimiento espiritual.


¿Qué pasa si alguien revoca el consentimiento? El código de programación pastoral no sabe cómo proceder: ¿cómo localizas a un publicador que te prohíbe conservar el registro de su domicilio? ¿Cómo marcarle si ha prohibido conservar su número telefónico? ¿Cómo hacerle un comité judicial si no se puede mencionar su nombre ni estado espiritual? Los ancianos no están preparados para esos escenarios, porque eso corresponde a la categoría de gestión de riesgos, una materia que la sucursal no desea que los ancianos conozcan. Así que, cuando un publicador solicita formalmente la supresión de sus datos y revocación de consentimiento, los ancianos no saben qué hacer, intentan encaminar al asunto dentro del plano espiritual pero terminan reconociendo que no cuentan con la autorización ni la capacitación para manejarlo y tienen que escalarlo a la sucursal.


¿Qué sucede cuando llega a la sucursal una solicitud de este tipo? La respuesta es diametralmente opuesta a la de los ancianos. La sucursal sabe perfectamente que para que el sistema siga prosperando deben navegar en las aguas de la legalidad; no quieren ser como los esenios y retirarse al desierto para fundar su propia comunidad para ayunar y copiar a mano el libro de Isaías, les gusta vivir en la comodidad que les ofrece ser reconocidos como asociación religiosa pero con su estatus vienen las obligaciones.


En ese momento la relación que usualmente es asimétrica, donde el publicador creía que no tiene ningún derecho, se vuelve una relación entre iguales: un ciudadano exigiendo sus derechos a una corporación legal… (Continuará en la parte 3)


La respuesta de la sucursal será muy diplomática, por primera vez en tu vida te sentirás respetado por el sistema, por primera vez te das cuenta que tienes derecho de exigirle algo y ellos de respetar tus deseos. Todo un aparato de abogados trabaja para dar la respuesta adecuada, una que enmascare la furia de la bestia al darse cuenta que alguien ha identificado su punto débil y aprende a no someterse. La sucursal hará el trámite administrativo solicitado y hasta el último momento te tratará con amabilidad, como un “estimado hermano”.


Al concluir el trámite, la sucursal contestará indicando que han dado respuesta procedente a tu solicitud, y que han instruido borrar tu tarjeta de publicador del archivo de la congregación, y en betel igualmente se borrará la mayoría de tus registros, pero… ¡oh sorpresa!, se niegan a borrar todo por completo, amparándose en el “interés legítimo”.


¿Qué es el interés legítimo? Básicamente, que su derecho a la libertad religiosa, de conservar “limpia” la congregación, y de evitar el rebautizo de TJ si borran tu registro completo, les da el derecho de conservar en sus bases de datos tu nombre, fecha de nacimiento y de bautismo. Podría parecer decepcionante esto para quienes luchan por la salida digna, sin embargo, en ese momento se genera una paradoja administrativa:


Te considerarán publicador asociado a una congregación de por vida, pero no existe tu tarjeta de publicador, los ancianos no pueden localizarte por teléfono ni en tu domicilio, tampoco pueden abordarte para “pastoreo” si no lo consientes. Así que se genera la cuestión ¿cómo administrar la disciplina sin consentimiento y sin datos?


Aquí hay que introducir otro concepto: evaluación del riesgo. No es que la sucursal no sienta el derecho de darte seguimiento espiritual si lo consideran conveniente, se arrogan ese derecho y como comentaba anteriormente no hay un marco jurídico en este momento que lo impida, ni en Latinoamérica, ni en Estados Unidos, ni siquiera en Europa. Pero, al no contar con tu consentimiento ni autorización, se ven obligados a evaluar en el futuro cuánto les costaría intentar citarte a un comité, cuánto les costaría anunciar tu nombre desde la plataforma, cuánto les costaría buscarte por teléfono o en tu domicilio.


Lo que sucede es que formalizas una relación que siempre fue informal. Una relación en donde los ancianos citaban verbalmente, donde no podías grabar, donde las notas de los comités eran destruidas. Ahora, con la revocación, sabes perfectamente que los ancianos no pueden buscarte y acceder a ti si la sucursal no les ha proporcionado tus datos, y la sucursal no le gusta dejar evidencia o rastro de la disciplina espiritual en las congregaciones, pues en la informalidad espiritual cualquier error cometido por los ancianos, que terminara en tribunales, puede ser defendido como un error local por iniciativa de los lideres locales, eximiendo a la sucursal. Al revocar consentimiento y supresión de datos, elevas el costo, y la mayoría de las veces elegirán el resultado que te he comentado: eres libre, pero por si acaso nos reservamos el derecho a disciplinarte.


¿En qué casos podrían, con todo y revocación decidir hacer un comité y anunciar tu nombre? Cuando el riesgo de tu actitud es tan grande como una multa administrativa. Si sigues asistiendo a las reuniones, fanfarroneas de intocable, si los ancianos perciben que estás animando a otros a hacer lo mismo, les es preferible prepararse para una consecuencia legal que perder a 10 publicadores que te sigan. (Continuará en la parte 4 y final)

despuesdelarmagedon@gmail.com
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#5

(Hace 10 horas)Anciano Señalado escribió:  
(Hace 10 horas)Anciano Señalado escribió:  
(Hace 10 horas)Anciano Señalado escribió:  En 5 años desde las sombras y mi correo electrónico del foro ayudé a alrededor de 45 personas a evitar un comité judicial. Curiosamente, nada de eso me preparó cuando yo mismo estuve a las puertas de uno.

Mientras terminaba de escribir un libro que pronto voy a publicar, me quedaba la sensación de que faltaba algo más… fue así como me di cuenta de ciertos patrones en el libro Pastoreen: ¿Por qué se sugiere no hacer comité si la persona no es reconocida como TJ en su vecindario? ¿Por qué se admite que es riesgoso que los ancianos reciban pruebas de audio, video o capturas de pantalla? ¿Por qué la organización solicita país tras país que los publicadores firmen un consentimiento de uso de datos? ¿Por qué se debe consultar a la sucursal si un acusado no es localizable y no se le puede informar el resultado de su comité para anunciarlo a la congregación? ¿por qué la sucursal instruye a los ancianos que se comuniquen a betel si un acusado amenaza con demandar?

Todo esto me llevó a investigar las leyes de datos de mi país, México, pero curiosamente me di cuenta de que la mayoría de los países de Latinoamérica tiene leyes muy estrictas al respecto, incluso por encima de las de Estados Unidos.


Justo estaba diseñando ese capítulo, cuando me llegó la información que cambió mi plan de salida: los ancianos estaban haciendo una investigación a mis espaldas para hacerme un comité. Eso me llevó a un punto de no retorno, probar cuánto podría servir lo que investigué. Los detalles seguramente los contaré en otro momento. Mientras tanto, quiero ponerlos al corriente de algo que puede ayudar a quienes de verdad quieren salir.

Desafortunadamente, legalmente no se puede de momento retirar todo intento de control de la WT sobre nuestras vidas, no existe el marco jurídico para ejercerlo. Gracias al encomiable trabajo jurídico que se está realizando en Europa y Japón la situación tal vez cambie en una década. Aún así, hay una figura clave en todo esto: La revocación de consentimiento.


¿Qué es la revocación de consentimiento? Por confiar en una religión, entregamos nuestros derechos básicos, nos entregamos a ciegas y en el proceso espiritual desconocimos que aún dedicándonos a Jehová y una organización, conservábamos derechos, la Watchtower nunca nos los informó. Pero para que legalmente pudiera operar este control sobre nuestras vidas, se necesitaba consentimiento, por décadas ese consentimiento fue verbal, pero con los años los gobiernos han exigido a todo tipo de organizaciones formalizar ese consentimiento mediante una hoja de uso de datos personales.


Sin embargo, en los últimos años la batalla legal entre la Watchtower y sus ex miembros ha sido hasta que grado debe llegar ese consentimiento y si este es revocable. ¿Te imaginas que contrataras un proveedor de internet que se negara bajo ningún motivo a cancelarte el servicio o que accediera a cancelarlo pero exigiera seguirte cobrando mes con mes? Así de absurda es la idea de consentimiento de la Watchtower, quien exige que incluso saliendo de su religión mediante expulsión o desasociación, sigas jugando bajo sus reglas… es ahí donde quise saber, qué se puede hacer. Continuará en la parte 2.

Algo muy difícil de hacer para un testigo de Jehová es poner límites, decir “no”. La mayoría de los TJ sienten miedo o hasta nauseas cuando los ancianos solicitar platicar en privado, cuando se agenda una visita de pastoreo, o cuando se les cita a un comité. Esto sucede por el control emocional, porque el publicador generalmente siente que no puede decir “no”. Quienes rara vez se rehúsan a hablar con los ancianos son vistos como rebeldes, en el pasado eran señalados públicamente desde la plataforma. Ahora el consentimiento ya no solo es verbal, es formalizado mediante una hoja de datos que el publicador firma, confiando ciegamente sin leer los términos y condiciones.


Pero muy pocos saben que se puede perfectamente ser publicador sin firmar dicha hoja, no es un requisito indispensable. Se puede salir a predicar, e incluso tener asignaciones en la plataforma sin firmar, aunque claro, alguien que decida esto debe ser “concientizado” por los ancianos (por orden de la sucursal) a aclararle que esto es un simple “trámite administrativo” sin mayor repercusión, así que hasta la fecha no he sabido de un publicador activo que se resista a firmarlo. No es indispensable firmarlo, pero nadie te informa que no lo es.


Ahora bien, la disciplina espiritual necesita el procesamiento de datos: tu nombre, tu estado espiritual, tus creencias, tu estado civil, domicilio… uno rara vez es consiente de que los ancianos manipulan nuestros datos personales disfrazándolo de seguimiento espiritual.


¿Qué pasa si alguien revoca el consentimiento? El código de programación pastoral no sabe cómo proceder: ¿cómo localizas a un publicador que te prohíbe conservar el registro de su domicilio? ¿Cómo marcarle si ha prohibido conservar su número telefónico? ¿Cómo hacerle un comité judicial si no se puede mencionar su nombre ni estado espiritual? Los ancianos no están preparados para esos escenarios, porque eso corresponde a la categoría de gestión de riesgos, una materia que la sucursal no desea que los ancianos conozcan. Así que, cuando un publicador solicita formalmente la supresión de sus datos y revocación de consentimiento, los ancianos no saben qué hacer, intentan encaminar al asunto dentro del plano espiritual pero terminan reconociendo que no cuentan con la autorización ni la capacitación para manejarlo y tienen que escalarlo a la sucursal.


¿Qué sucede cuando llega a la sucursal una solicitud de este tipo? La respuesta es diametralmente opuesta a la de los ancianos. La sucursal sabe perfectamente que para que el sistema siga prosperando deben navegar en las aguas de la legalidad; no quieren ser como los esenios y retirarse al desierto para fundar su propia comunidad para ayunar y copiar a mano el libro de Isaías, les gusta vivir en la comodidad que les ofrece ser reconocidos como asociación religiosa pero con su estatus vienen las obligaciones.


En ese momento la relación que usualmente es asimétrica, donde el publicador creía que no tiene ningún derecho, se vuelve una relación entre iguales: un ciudadano exigiendo sus derechos a una corporación legal… (Continuará en la parte 3)


La respuesta de la sucursal será muy diplomática, por primera vez en tu vida te sentirás respetado por el sistema, por primera vez te das cuenta que tienes derecho de exigirle algo y ellos de respetar tus deseos. Todo un aparato de abogados trabaja para dar la respuesta adecuada, una que enmascare la furia de la bestia al darse cuenta que alguien ha identificado su punto débil y aprende a no someterse. La sucursal hará el trámite administrativo solicitado y hasta el último momento te tratará con amabilidad, como un “estimado hermano”.


Al concluir el trámite, la sucursal contestará indicando que han dado respuesta procedente a tu solicitud, y que han instruido borrar tu tarjeta de publicador del archivo de la congregación, y en betel igualmente se borrará la mayoría de tus registros, pero… ¡oh sorpresa!, se niegan a borrar todo por completo, amparándose en el “interés legítimo”.


¿Qué es el interés legítimo? Básicamente, que su derecho a la libertad religiosa, de conservar “limpia” la congregación, y de evitar el rebautizo de TJ si borran tu registro completo, les da el derecho de conservar en sus bases de datos tu nombre, fecha de nacimiento y de bautismo. Podría parecer decepcionante esto para quienes luchan por la salida digna, sin embargo, en ese momento se genera una paradoja administrativa:


Te considerarán publicador asociado a una congregación de por vida, pero no existe tu tarjeta de publicador, los ancianos no pueden localizarte por teléfono ni en tu domicilio, tampoco pueden abordarte para “pastoreo” si no lo consientes. Así que se genera la cuestión ¿cómo administrar la disciplina sin consentimiento y sin datos?


Aquí hay que introducir otro concepto: evaluación del riesgo. No es que la sucursal no sienta el derecho de darte seguimiento espiritual si lo consideran conveniente, se arrogan ese derecho y como comentaba anteriormente no hay un marco jurídico en este momento que lo impida, ni en Latinoamérica, ni en Estados Unidos, ni siquiera en Europa. Pero, al no contar con tu consentimiento ni autorización, se ven obligados a evaluar en el futuro cuánto les costaría intentar citarte a un comité, cuánto les costaría anunciar tu nombre desde la plataforma, cuánto les costaría buscarte por teléfono o en tu domicilio.


Lo que sucede es que formalizas una relación que siempre fue informal. Una relación en donde los ancianos citaban verbalmente, donde no podías grabar, donde las notas de los comités eran destruidas. Ahora, con la revocación, sabes perfectamente que los ancianos no pueden buscarte y acceder a ti si la sucursal no les ha proporcionado tus datos, y la sucursal no le gusta dejar evidencia o rastro de la disciplina espiritual en las congregaciones, pues en la informalidad espiritual cualquier error cometido por los ancianos, que terminara en tribunales, puede ser defendido como un error local por iniciativa de los lideres locales, eximiendo a la sucursal. Al revocar consentimiento y supresión de datos, elevas el costo, y la mayoría de las veces elegirán el resultado que te he comentado: eres libre, pero por si acaso nos reservamos el derecho a disciplinarte.


¿En qué casos podrían, con todo y revocación decidir hacer un comité y anunciar tu nombre? Cuando el riesgo de tu actitud es tan grande como una multa administrativa. Si sigues asistiendo a las reuniones, fanfarroneas de intocable, si los ancianos perciben que estás animando a otros a hacer lo mismo, les es preferible prepararse para una consecuencia legal que perder a 10 publicadores que te sigan. (Continuará en la parte 4 y final)


Así que: ¿para quién es este procedimiento? Para quienes quieran desvincularse correctamente de la Watchtower sin desear ser molestados.


No es para PIMOS que siguen intentando “cojear entre dos opiniones” intentando quedar bien con la congregación y con su propia conciencia.


Tampoco es para quienes sienten la necesidad de enfrentarse a los ancianos y decirles la verdad sobre la Watchtower, que inevitablemente conducirá a la expulsión.


No es para quienes ya no creen en la WT, pero siguen atados emocionalmente, y que, de ser cuestionados por los ancianos inevitablemente terminarán confesando que ya no creen en la organización.


Tampoco es para quien prefiere desasociarse formalmente mediante una carta, en mi opinión desasociarse es seguir el mismo juego que ellos han puesto sobre el tablero.


Este procedimiento es para quien quiere salir pacíficamente, sin dar explicaciones, cuya única prioridad es rehacer su vida, quien quiere avanzar sin la preocupación de que los ancianos lo busquen. Esto es para quienes ante la presión familiar puedan mostrar una hoja que diga a sus familiares “mira, no tengo ningún problema espiritual, esta respuesta administrativa demuestra que no estoy expulsado”.


Una última recomendación final, si permites que se active un comité judicial en tu contra, la revocación y supresión es poco efectiva, porque prevalece su interés legítimo en mantener limpia la congregación. Lo mejor es hacerlo en el momento en que las aguas estén tranquilas, buscando la salida administrativa pacífica.


Evidentemente, no soy abogado, pero, pongo a su disposición 2 archivos que he creado: una guía sobre cómo desvincularse administrativamente, y el otro un ejemplo de carta de revocación de datos que pueden entregar a los ancianos, o enviarla por correo de jwpub. Para mejor asesoría es bueno contratar un abogado para el trámite, aunque si has entendido bien estos puntos tú mismo puedes hacerlo.

Los archivos están basados en el marco legal Mexicano. Chatgpt o un abogado local pueden ayudarte a desvincularte administrativamente si eres de otro país.

https://drive.google.com/file/d/1ELzYtvU...sp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1j4RKDPJ...sp=sharing


Asimismo saben que mi correo despuesdelarmagedon@gmail.com está disponible para recibir comentarios, dudas, sugerencias.

despuesdelarmagedon@gmail.com
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#6

Saludos camaradas desangrados por la Empresa

Buen aporte Anciano Señalado y te deseo la mejor de la suertes en esta travesía hacia la libertad.

En mi caso personal opte por la carta ya que no tenia nada que me vinculara emocional o físicamente a la empresa WT ni amigos ni pareja ni siquiera el trabajo, al cual si trabajaba con tjs, pero no era tan indispensable.
Pero en estos casos que es el porcentaje mas alto en esta secta, si hay un alto grado de dependencia tanto física como emocional que la opción que queda es hacer los pasos que señalas con detalle al cual muchos agradecen tu magnifico aporte.

Soy de la opinión que presentar una carta de renuncia tranquiliza la consciencia ya que no se es un cómplice pasivo de los delitos de la WT y es una forma de protección ya que al demostrar con carta que ya no eres de la WT no podrá ningún organismo del Estado u otro perseguir o interrogar como si estuvieras dentro. Obviamente es mi opinión personal no una regla. Los pasos que señalas son muy útiles y importantes en el proceso de salir de esta secta.
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