Hace 3 horas
Voy a contarles una situación que se da en la congregación y seguramente está pasando en otras. El número de publicadores que no informan va en aumento. Desde la simplificación del informe en 2023, el trabajo del publicador consiste en palomear una casilla o, mejor dicho, enviar un mensaje de WhatsApp diciendo "sí prediqué".
Uno esperaría que este cambio facilitaría la recolección del informe, pero lo curioso es que ocurre lo contrario. Pareciera que mientras más fácil se hace el trámite, más perezoso se convierte el publicador. Por ejemplo, aunque un publicador predique, a veces no envía su informe porque asume que el encargado de su grupo de servicio lo ve salir a predicar y, por lo tanto, no hay necesidad de estar mandando el mismo estúpido mensaje cada mes. Hasta cierto grado tiene su lógica. Por otro lado, es posible que el encargado de recolectar los informes envíe recordatorios mes tras mes al publicador, hasta que eventualmente uno de los dos se termina por fastidiar.
Entonces ocurre uno de dos posibles escenarios: el encargado palomea a todos los publicadores que no entregaron informe asumiendo que sí predicaron o bien, deja la casilla vacía evidenciando que el publicador no informó. A veces depende de la personalidad del encargado o qué tan bien le caiga el publicador en cuestión. Como sea, eso ha hecho del informe de servicio una herramienta totalmente absurda, imprecisa e inútil.
En fin, el caso es que, este fenómeno está generando una buena cantidad de publicadores que pasan a la categoría de "inactivos". Como comenté hace poco en un post, en nuestra congregación ya vamos para unos 10 en unos cuantos meses. Algunos asisten todavía a las reuniones y otros ya no. A nadie parece alarmarle, ni siquiera a la sucursal. Todo pareciera parte de un plan gradual de hacerse de la vista gorda hasta que la predicación se convierta en algo cada vez más subjetivo o simbólico. En el discurso se nos martilla vez tras vez que es la obra más importante, pero en la práctica solo se guardan las apariencias. Como no pueden decirlo abiertamente, han decidido desmantelarlo poco a poco, disimulando lo más que se pueda esta transición.
Y como eso impactará en los números, posiblemente también los obligen en un futuro a cambiar la manera de contabilizar a sus publicadores.
Uno esperaría que este cambio facilitaría la recolección del informe, pero lo curioso es que ocurre lo contrario. Pareciera que mientras más fácil se hace el trámite, más perezoso se convierte el publicador. Por ejemplo, aunque un publicador predique, a veces no envía su informe porque asume que el encargado de su grupo de servicio lo ve salir a predicar y, por lo tanto, no hay necesidad de estar mandando el mismo estúpido mensaje cada mes. Hasta cierto grado tiene su lógica. Por otro lado, es posible que el encargado de recolectar los informes envíe recordatorios mes tras mes al publicador, hasta que eventualmente uno de los dos se termina por fastidiar.
Entonces ocurre uno de dos posibles escenarios: el encargado palomea a todos los publicadores que no entregaron informe asumiendo que sí predicaron o bien, deja la casilla vacía evidenciando que el publicador no informó. A veces depende de la personalidad del encargado o qué tan bien le caiga el publicador en cuestión. Como sea, eso ha hecho del informe de servicio una herramienta totalmente absurda, imprecisa e inútil.
En fin, el caso es que, este fenómeno está generando una buena cantidad de publicadores que pasan a la categoría de "inactivos". Como comenté hace poco en un post, en nuestra congregación ya vamos para unos 10 en unos cuantos meses. Algunos asisten todavía a las reuniones y otros ya no. A nadie parece alarmarle, ni siquiera a la sucursal. Todo pareciera parte de un plan gradual de hacerse de la vista gorda hasta que la predicación se convierta en algo cada vez más subjetivo o simbólico. En el discurso se nos martilla vez tras vez que es la obra más importante, pero en la práctica solo se guardan las apariencias. Como no pueden decirlo abiertamente, han decidido desmantelarlo poco a poco, disimulando lo más que se pueda esta transición.
Y como eso impactará en los números, posiblemente también los obligen en un futuro a cambiar la manera de contabilizar a sus publicadores.
¿Son tus convicciones tan frágiles que no pueden oponerse a las mías?
¿Es tu dios tan frágil, tan débil? ¡Qué vergüenza!
- Letras prohibidas (2000)


