16 Dec, 2023, 10:36 PM
En unos días expulsarán a un buen amigo de mi congregación. Por su confesión, puedo percibir que tiene pocos o ningún interés por regresar (y es por eso mismo que puedo preveer en qué acabará todo). Pensé que tenía mucho más controladas mis emociones pero la realidad es que estoy sufriendo muchísima ansiedad, no importa lo mucho que intente racionalizarla, me doy cuenta lo mucho que me falta trabajar en ello.
Recuerdo hace unos años, cuando expulsaron a otro buen amigo, lo mucho que batallé con la ansiedad. Lloré mucho, escribía cómo me sentía, me desahogaba con otro amigo, el proceso se extendió por meses. En aquel entonces aún estaba mucho más convencido de estar en "la Verdad". Me consolaba viendo que estaba dando los pasos para ser readmitido. Cosa que finalmente sucedió. Me sentí feliz y por fin logré sentirme tranquilo.
Aunque la ansiedad hoy se comienza a sentir igual, mis pensamientos son diferentes, quizá más confusos. Por un lado me da gusto por él que finalmente logre salir adelante y esté afuera. Admito que no se va por las mejores razones que hubiera querido y me preocupa que en su derrotero "rebelde" termine causándose daños. Espero estar equivocado. Espero que logre encender esa chispa que aquí ya no tenía. Como PIMO por ahora no me queda otra que mantenerme a una distancia segura. Y duele mucho, aunque ya no vea la expulsión algo tan terrible e incluso peor que estar muerto, como te dicen en la Organización. Aún así, me queda ese sabor agridulce de que algo muy bueno y muy malo esta pasando al mismo tiempo. Quizá es también ese malestar propio de cuestionarse hasta cuándo uno va a permanecer aquí (toda mi familia lo está). Y llevar una carga terrible de no poder confesar mi sentir a nadie más.
Y a falta de poder confesarlo, solo se me ocurre venir esta noche a importunarlos y sacar un poquito de esa angustiosa molestia que llevo por dentro. Ustedes disculpen.
Recuerdo hace unos años, cuando expulsaron a otro buen amigo, lo mucho que batallé con la ansiedad. Lloré mucho, escribía cómo me sentía, me desahogaba con otro amigo, el proceso se extendió por meses. En aquel entonces aún estaba mucho más convencido de estar en "la Verdad". Me consolaba viendo que estaba dando los pasos para ser readmitido. Cosa que finalmente sucedió. Me sentí feliz y por fin logré sentirme tranquilo.
Aunque la ansiedad hoy se comienza a sentir igual, mis pensamientos son diferentes, quizá más confusos. Por un lado me da gusto por él que finalmente logre salir adelante y esté afuera. Admito que no se va por las mejores razones que hubiera querido y me preocupa que en su derrotero "rebelde" termine causándose daños. Espero estar equivocado. Espero que logre encender esa chispa que aquí ya no tenía. Como PIMO por ahora no me queda otra que mantenerme a una distancia segura. Y duele mucho, aunque ya no vea la expulsión algo tan terrible e incluso peor que estar muerto, como te dicen en la Organización. Aún así, me queda ese sabor agridulce de que algo muy bueno y muy malo esta pasando al mismo tiempo. Quizá es también ese malestar propio de cuestionarse hasta cuándo uno va a permanecer aquí (toda mi familia lo está). Y llevar una carga terrible de no poder confesar mi sentir a nadie más.
Y a falta de poder confesarlo, solo se me ocurre venir esta noche a importunarlos y sacar un poquito de esa angustiosa molestia que llevo por dentro. Ustedes disculpen.